DETIENEN A 26 SKINHEADS DURANTE UN ACTO FILONAZI EN LA CHACARITA
Un encuentro en el cementerio
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Detenciones en el Cementerio Alemán
por aplicación de la ley antidiscriminatoria. |
Es la primera vez que la Justicia porteña pone en ejecución la ley
antidiscriminatoria desde que se realizó el traspaso del fuero penal, en junio
pasado. El grupo se reunía con la excusa del aniversario del fallecimiento del
capitán del Graf Spee.
Un fiscal porteño ordenó la detención de veintiséis personas, entre ellas cuatro
adolescentes, que se habían reunido en el Cementerio de la Chacarita para
realizar un acto conmemorativo con claras connotaciones nazis. La Justicia los
acusa de haber infringido la Ley 23.592, de Antidiscriminación. Según fuentes de
la investigación, se trata de un grupo de skinheads que se había reunido en el
Cementerio Alemán con la excusa de recordar el aniversario de la muerte del
capitán del crucero alemán Graf Spee, Hans Langsdorff (ver nota aparte), hundido
por el propio Langsdorff en el Río de la Plata durante la Segunda Guerra
Mundial. Se trata de la primera aplicación de la ley Antidiscriminación por
parte del fuero Penal Contravencional y de Faltas porteño, luego del traspaso de
jurisdicciones penales realizado en junio.
La investigación se inició hace 45 días, luego de una denuncia realizada por la
DAIA ante la Justicia penal porteña. La causa recayó en la fiscalía 11, a cargo
del fiscal Gustavo Galante. En la Justicia porteña, los fiscales son quienes
encabezan la causa y toman una intervención más proactiva que en el fuero
nacional. En este caso, Galante ordenó la detención de los participantes al acto
apenas fue informado por los integrantes de la Unidad de Investigaciones de
Conductas Discriminatorias, a cargo del comisario Carlos Succatti.
“Se reunieron en Lacroze, en la puerta del Cementerio de la Chacarita –informó
Succatti–, y comenzaron a marchar con banderas argentinas; pero apenas
traspusieron la puerta del Cementerio Alemán, desplegaron banderas rojas con
estandartes nazis. Vestían camperas negras con insignias nazis, borceguíes,
tatuajes alusivos. Eran convocados por un grupo llamado Skinheads de Zona Norte,
muchos tenían sus cabezas rapadas.”
Apenas desplegaron las banderas y entonaron las primeras estrofas levantando la
mano derecha, les cayeron encima los uniformados de la División Conductas
Antidiscriminatorias de la Policía Federal que los detuvo in fraganti, según
describieron las fuentes policiales.
“Se aplica el artículo 3º de la Ley 23.592, que castiga los actos
discriminatorios”, sostuvo el fiscal Galante a este diario. El texto del
artículo 3º señala que “serán reprimidos con prisión de un mes a tres años los
que participaren en una organización o realizaren propaganda basados en ideas o
teorías de superioridad de una raza o de un grupo de personas de determinada
religión, origen étnico o color que tengan por objeto la justificación o
promoción de la discriminación racial o religiosa en cualquier forma. En igual
pena incurrirán quienes por cualquier medio alentaren o iniciaren a la
persecución o el odio contra una persona o grupos de personas a causa de su
raza, religión, nacionalidad o ideas políticas”.
Hasta pasadas las once de la noche, la policía completaba las actas de las
detenciones en el mismo cementerio donde se habían producido las detenciones.
Según las fuentes del caso, fueron detenidas veintiséis personas, entre ellas,
cuatro eran menores de 18 años y sus casos fueron pasados a la intervención de
la Justicia de Menores porteña. Los restantes veintidós quedaron detenidos a
disposición del fiscal Galante, quien durante la mañana de hoy se disponía a
tomar declaración indagatoria a cada uno de ellos.
De cómo el mito hizo del capitán un altar nazi
Por Sergio Kiernan
Que los nazis criollos tengan adoración por el acorazado de bolsillo alemán
Admiral Graf von Spee es curioso pero explicable: la batalla del Río de la
Plata, en que los ingleses lo rompieron, fue la única de la Segunda Guerra
Mundial que tuvo lugar en estos arrabales. Lo que es menos explicable es que
usen la tumba del Kapitän sur Zee Hans Langsdorff como altar para sus actos. Es
que es muy dudoso que Langsdorff haya sido un nazi.
Nacido en 1894, el futuro marino venía de una familia de abogados y pastores.
Pero, cuando tenía cuatro años, la familia se mudó y se encontró con un vecino
ilustre, el almirante y conde Maximilian von Spee. Abiertamente influido por el
conde, Langsdorff entró a la academia naval de Kiel en 1912, justo a tiempo para
servir en la Primera Guerra Mundial. El joven teniente se ganó la Cruz de Hierro
de segunda clase en la batalla de Jutlandia y la de primera clase en acciones de
torpederos en 1918.
A la casualidad de haber conocido al almirante por el que años después se
nombraría su barco se le suma otra que ya parece destino. Graf Spee comandaba la
flota alemana que en 1914 quiso quebrar la idea de que Britania gobierna los
mares. La flota fue emboscada por los ingleses nada menos que en las islas
Malvinas y fue hundida entera. Graf Spee y dos de sus hijos, que servían bajos
sus órdenes, murieron en ese combate.
Langsdorff sobrevivió y sirvió en la ínfima flota alemana de posguerra. Para
cuando los nazis tomaron el poder, el capitán estaba en el ministerio en Berlín
y, parece, no recibió muy bien el cambio de régimen: pidió un traslado a algún
barco, cosa de alejarse de sus nuevos jefes. No le dieron bola y recién en 1936
volvió a flotar. Fue en el flamante, poderoso y ultramoderno Admiral Graf von
Spee, que patrullaba las costas españolas dando apoyo a los franquistas.
El Graf Spee era una maravilla de la época, un barco pequeño por las sanciones
que le impedían a Alemania botar cruceros, pero armado como uno. Los alemanes
habían logrado un casco liviano usando soldaduras en lugar de remaches y motores
diesel en lugar de turbinas a vapor. Las toneladas ahorradas se usaron en
armarlo como un dreadnought, la clase más pesada del momento. Para más, el Graf
Spee tenía un radar de última generación y sistemas de tiro coordinados.
Langsdorff recibió el mando a fines de 1938 y apenas comenzada la guerra se le
ordenó esconderse en aguas brasileñas y esperar a ver si los ingleses realmente
iban a combatir. En septiembre de 1939 Berlín lo autorizó a atacar el tráfico
comercial británico. En los tres meses siguientes, el Graf Spee tomó y hundió
nueve cargueros en el Atlántico y el Indico. En ninguna acción hubo siquiera un
muerto, tan cuidadoso era Langsdorff, que se ocupaba de detener buques neutrales
para liberar prisioneros.
En diciembre de 1939 los ingleses alcanzaron al Graf Spee con los cruceros
livianos HMS Ajax y HMS Achilles, y con el más pesado HMS Exeter. Los alemanes
destrozaron al Exeter pero recibieron decenas de impactos. El buque se arrastró
a la neutral Montevideo para reparaciones que no se pudieron realizar. Los
uruguayos les dieron tres días para irse o entregarse como prisioneros y
Langsdorff decidió enterrar a sus muertos en el cementerio alemán. Luego puso al
Graf Spee en el centro del río, le voló la cala y acompañó a su tripulación a la
más amistosa Buenos Aires. Dos días después, el 19 de diciembre, cuando supo que
pasarían la guerra a salvo, puso la bandera de su buque en la cama del hotel, se
acostó encima y se pegó un tiro. Dejaba una carta explicando que así se mostraba
la voluntad de pelear por la patria.
Un detalle: en la foto del entierro de los marineros en Montevideo, Langsdorff
es el único que no hace el saludo nazi. De blanco, despide a sus hombres
haciendo la venia.
Fuente: Página 12