"No hay que aflojar compañero"
El
primer testigo de la 20ª jornada del juicio por la "Causa RI9" fue el último de
los testimonios reprogramados de la frustrada primer jornada. Se trata de José
Luís Núñez, el "Chacho".
Casado, de 49 años, Chacho es profesor de pedagogía diferencial y fue detenido
el 14 de septiembre de 1976 en su lugar de trabajo, por dos hombres de civil que
pertenecen a la Gendarmería. Lo llevan en una camioneta de esa fuerza al
Regimiento 9 y lo dejan allí, y nunca más los vuelve a ver ya que quedaba en
manos del Ejército. El que dirigía el operativo era Raúl Reynoso, lo ve
claramente antes de que le pongan venda.
Lo interrogan al día siguiente, golpeándolo e insultándolo, para que diga
nombres de las "personas importantes de la Organización". Le dicen que en las
reuniones de la JP insultan al "glorioso Ejército Argentino". El insistía que
militaba en la JP en actividades conocidas, perfectamente legales.
Los guardias santiagueños que custodiaban a los detenidos le ponen nombre a sus
torturadores: Capitán De Marchi y Teniente Losito.
En el CCD que funcionó en el ex-Regimiento lo ve a Carlos Achar muy deteriorado,
"tenían una saña muy marcada con él, sobre todo uno de ellos que le llamaba "Carlitos"
mientras lo torturaba salvajemente" recuerda. Le daba la impresión de que el
torturador lo conocía de antes. Carlos tenía muy lastimadas las manos, tobillos
y la cara.
Otra persona sobre la que tenían una saña particular era Fernando Piérola, quién
tenía roto el pantalón desde la rodilla para abajo ya que de otro modo no
hubiera podido colocárselos debido a la hinchazón de sus piernas.
Con Chacho cometen un error que les debe estar pesando ahora, le quitan la venda
desde la primer semana de noviembre hasta el 27 del mismo mes en que es
trasladado a la Jefatura de Policía. Esto permite que reconozca a De Marchi y
Losito y le ponga rostro a las voces cuyos nombres habían sido ya proporcionados
por los soldados santiagueños, también ve a los suboficiales Piriz y Cárdenas,
éste último fallecido durante su detención por la "Causa RI9".
Recuerda perfectamente la cuadra donde estaban detenidos los presos políticos y
podría reconocerla. Además refiere que le mostraron la foto de Dorita Vargas,
hermana del "Mono" quien se encuentra también desaparecida.
Lo trasladan a la cárcel U7 del Chaco en febrero del "77, en el "80 lo llevan
a Caseros y luego a Rawson, donde recupera la libertad en diciembre de 1983,
cuando cae la dictadura militar.
Cuando le toca el turno de efectuarle preguntas a la defensa, se destaca el
inefable defensor de Losito y Píriz, el Dr. Gesino, quien le dispara una serie
de preguntas tan irrelevantes como inexplicables. Pregunta primero cómo era la
venda, de que tipo. "Me tapaba los ojos", dijo Chacho, y "era de tela", quizás
con la misma condescendencia con la que trata a sus alumnos. Pero no puede
evitar sonreír cuando Gesino va por más y le pide que le diga de que color era,
sonrisa que se podía apreciar en todos los presentes en la sala. "No era para mi
relevante el dato del color de la venda", dijo Chacho haciendo gala de su
infinita paciencia, "lo relevante era que a uno lo torturaran y sentir los pasos
de los mocasines de los represores" que lo hacían temer de tal suerte que aún
recuerda aquella sensación.
Pero Gesino no es hombre de andar amilanándose, y volvió a la carga preguntando
qué comían, si lo hacían por turnos, sentados o parados. Profundo el hombre.
El letrado de De Marchi y Barreiro, el Dr. San Emeterio pregunta si cobró la
indemnización que favorece a los ex-detenidos por razones políticas, a lo que
Chacho responde que sí. Pide entonces San Emeterio que se incorpore por lectura
el acta que firmó en aquella ocasión en la que solicitó el beneficio, a lo que
el Tribunal accede y se procede a leer tanto el acta como la sentencia del
Tribunal Militar que lo juzgó en el "79, con defensor militar que le confesó que
no haría nada en su beneficio "porque nosotros luchamos contra ustedes". La
sentencia estaba cargada de consideraciones políticas increíblemente parciales e
ideologizadas, pero lo que es más importante es que el acta ratifica las fechas
que mencionó Chacho (de detención y de liberación) dándole mas credibilidad a su
testimonio.
Chacho es un hombre de generosa sonrisa, pero difícilmente muchas personas lo
hayan visto en público expresar pesar o congoja. Profundamente equilibrado, tuvo
no obstante un momento en el que se notaba en él, sutilmente, algo más que solo
el esfuerzo por hacer memoria. Fue cuando recordó las palabras de Fernando
Piérola, que con su aspecto totalmente deteriorado por la tortura, le contó que
pensaba que por la forma en que lo maltrataban no iba a sobrevivir. "Creo que me
van a matar" dijo, pero "no hay que aflojar compañero". "Él me daba aliento a
mí, justamente él que estaba destruido físicamente, eso no me lo voy a olvidar
nunca".
El "desconocedor"
Declara en segundo término Argentino Luján Silva, un ex-suboficial del Ejército
que trabajaba en la Compañía Comandos y Servicios de la que era jefe De Marchi.
Pero Argentino dice que el ex-Capitán nunca dirigió la Compañía, contradiciendo
testimonios anteriores de la defensa y que no lo ve a De Marchi en el RI9 más
allá del "75, un año antes de lo que el propio De Marchi sostiene como su último
día como militar. Otro testigo sobreactuador.
Cuando le efectúan preguntas comprometedoras, tanto a los fiscales como a la
querella y al propio presidente les responde "desconozco", asegurando desconocer
incluso cuestiones nimias, con una clara actitud reticente.
El presidente del Tribunal le recuerda que está bajo juramento y que la
reticencia también puede ser considerada falso testimonio, pero no hay caso.
Reconoce no obstante que hubo una cuadra donde habían detenidos, aunque
"desconoce" las razones de la detención, los responsables del CCD y quienes
entraban o salían de él.
Su testimonio es endeble hasta en el cálculo de la duración de su carrera, que
duró según sus palabras 14 años, desde 1974 hasta 1986 (sic).
No obstante su reticencia, admite haber participado en los Toba I y Toba II, a
los que califica de operativos de "acción civil", pero cuya verdadera naturaleza
ya fue clarificada por el testimonio de Martín Almada, y con su aporte de copias
de los "Archivos de Terror", que demuestran que esas operaciones tenían como
objetivo encubierto la detención de opositores en el interior provincial.
El médico de Miño
Solicitado por el Dr. Ross, defensor de Reynoso, brinda su testimonio el Dr. Raúl Romero, quien refiere al antecedente enólico de José Higinio Miño, ratificando lo que su propio hijo Miguel Ángel refirió como una de las consecuencias de la detención y torturas a las que fue sometido su padre. Cuenta que José Miño le narró alguna vez que fue detenido, "creo que buscaban a sus hijos" dice. El Dr. Bosch le pregunta si sufrió situaciones traumáticas en su detención, a lo que el médico dijo que sí, que eso le refirió don Miño. ¿Esto puede ser un factor coadyuvante a su patología? dijo Bosch, "no puedo establecer una relación causa -efecto clara, sostuvo, pero efectivamente, esos hechos traumáticos perfectamente pudieron ser un factor coadyuvante".
Los extemporáneos
Antes de la incorporación por lectura de los testimonios de
los testigos que citó la defensa, los Dres. Espósito y Resoagli, Juez y Fiscal
Federal de Corrientes respectivamente, declararon dos
ex-suboficiales que estuvieron en el RI9 en el año 1975, ninguno estuvo ni en el
"76 ni en años posteriores, con lo que no se entiende la pertinencia de sus
aportes.
Uno de ellos es Ludovico Arrieta, quien a diferencia de Argentino Luján Silva
refiere que De Marchi era jefe de la Compañía Comandos y Servicios en el "75 y
señala lo que vino a hacer, desmentir el carácter violento de Píriz, "nunca tuvo
un incidente", aseguró.
El otro extemporáneo es Remigio Ojeda, que además de ratificar el carácter
"pacífico" de Píriz, declara que ya en el "75 había un CCD, contradiciendo tanto
los testimonios de la defensa como los de la querella, que ubican este lugar un
año después. También se muestra reticente a decir quiénes eran los responsables
de el área de Inteligencia, negando conocer a ninguno de los integrantes de esa
Compañía, pese a que según sus propias palabras, estaba a "veinte pasos de mi
oficina".
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