La Obediencia de Muerte
"Mandado no es culpado"
La
Ley de Obediencia Debida Nº 23.521 fue una disposición legal dictada en
Argentina el 4 de junio de 1987, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, que
estableció una presunción de iure (o sea, que no admite prueba en contrario) que
los hechos cometidos por los miembros de las fuerzas armadas, durante la guerra
sucia y el Proceso de Reorganización Nacional, no eran punibles por haber
actuado en virtud de obediencia debida.
Esta norma se dictó para intentar contener el descontento de la oficialidad del
Ejército Argentino, luego de la toma de cuarteles militares por parte de Aldo
Rico y el bochornoso "felices pascuas" del ex-presidente, eximiendo a los
militares por debajo del grado de coronel, de la responsabilidad en los delitos
cometidos bajo mandato castrense. De ese modo, tuvo lugar el desprocesamiento de
la mayoría de los implicados en el terrorismo de Estado.
Pues bien, la ley 23.521, fue declarada nula por ser contraria a la Constitución
y los tratados internacionales, no obstante, parece ser la nueva "estrategia
judicial" de los imputados de la "Causa RI9", coherentes con la extemporaneidad
de anteriores planteos de nulidad.
Uno a uno los imputados han declarado lo mismo, "no entiendo la acusación" y
acto seguido rechazan cada una de las acusaciones demostrando que las conocen
perfectamente, y al igual que De Marchi
terminan escudándose en la responsabilidad de Nicolaides. Si no fueron, si ni
siquiera estuvieron presentes o en actividad, ¿como es que obedecieron órdenes
aberrantes? podría preguntarse legítimamente alguien con una virtud que no hemos
visto en sus declaraciones: el sentido común.
Losito el enérgico
Lejos de la actitud "conmovida" de su ex-jefe, el ex-Capitán De Marchi, y acaso autoconvencido de su calidad de héroe de guerra, Losito fue el más enérgico. “Yo, en esa época, no tenía capacidad de mando, solo cumplía ordenes de Nicolaides. El tendría que estar acá y no está” afirmó convencido y con tono firme. Todos, no obstante, estuvieron muy lejos del arrepentimiento, con mayor o menor vehemencia, lo que aleja al menos por ahora la posibilidad de la ruptura del pacto de silencio que permita determinar por ejemplo, donde está Ramón Vargas y quién fue el responsable material del homicidio de Rómulo Artieda.