INVESTIGARAN DOCUMENTOS QUE MUESTRAN COMO SE PLANIFICO EL GENOCIDIO
Los orígenes de la represión

La Cámara Federal ordenó reabrir la causa en la que se investigaba una serie de
manuales e instrucciones militares que sirvieron de base para la represión
ilegal de los ’70. Los jueces buscan saber quiénes y en qué circunstancias los
elaboraron.
Los represores mantienen bien guardados sus archivos, pero a veces para
defenderse sacan a la luz los documentos que demuestran la planificación del
genocidio. Así ocurrió con la defensa del general retirado Santiago Omar
Riveros, que aportó en una causa judicial una serie de manuales e instrucciones
que usaban los sicarios del Estado durante la dictadura. Cuando el abogado de
derechos humanos Alberto Pedroncini tomó contacto con esos documentos militares
entendió que eran de “contenido explícitamente delictivo” e hizo una denuncia.
Ahora la Cámara Federal ordenó al juez de primera instancia, que había cerrado
el expediente, seguir investigando.
En septiembre de 2006, Pedroncini hizo su presentación ante la Procuración
General y el fiscal federal Federico Delgado impulsó la denuncia. En la causa
13.445/99, en la que está imputado el dictador Jorge Rafael Videla por una serie
de privaciones ilegítimas de la libertad, el abogado Florencio Varela (defensor
de Riveros, Eugenio Guañabens Pellero y Juan Pablo Saa) aportó el reglamento RC-5-1
denominado “Operaciones sicológicas”, fechado el 8 de noviembre de 1969. En una
segunda presentación, Pedroncini señaló la existencia de casos específicos de
secuestros y tortura de personas, que habrían sido cometidos de acuerdo con la
metodología que surge de ese reglamento. Durante la investigación se
incorporaron los reglamentos RC-9-1 “Operaciones contra elementos subversivos”,
de diciembre de 1976; RC-8-3 “Operaciones contra la subversión urbana”, de julio
de 1969; RV 150-10 “Instrucción de lucha contra las guerrillas”, de septiembre
de 1969; ROP 30-5 “Prioneros de guerra” y RC8-2 “Operaciones contra fuerzas
irregulares”.
En principio, la Justicia orientó el caso a la determinación de “actos
materiales que se hayan desarrollado en estricto cumplimiento” de la normativa
militar mencionada. En tal sentido, recolectó abundante información vinculada
con la presunta desaparición de aquellas personas que fueron mencionadas por
Pedroncini: Néstor Martins, Nildo Centeno, Marcelo Verd, Sara Palacio de Verd,
Juan Pablo Maestre, Mirta Misetich, Luis Enrique Pujals, Nuria Morillo y Angel
Brandazza. Pero luego de tres años el magistrado de primera instancia decretó el
archivo del caso con el argumento de que no había podido probar “la existencia
de conexión alguna entre los manuales en cuestión y algún suceso que configurara
la materialización de las directivas allí contenidas”. A su criterio, la
creación de los reglamentos en sí misma no constituía un delito penal, “en
virtud de la ausencia de resultado lesivo alguno”.
En septiembre pasado, el fiscal federal Gerardo Pollicita apeló esa decisión, y
el fiscal general Germán Moldes sostuvo ese recurso, aunque con argumentos
diferentes. A su entender, los reglamentos militares en cuestión son
“innegablemente ilegítimos”, por lo cual el objeto procesal está conformado por
su misma existencia, independientemente de su vinculación con hecho delictivo
alguno. Moldes, además, expresó su disenso con el juez de primera instancia en
tanto sostuvo que “los reglamentos fueron dictados por aquellos que tenían el
poder de materializar las conductas allí contenidas, circunstancia que
resultaría suficiente para generar temor en la ciudadanía”.
Los camaristas Eduardo Freiler, Jorge Ballestero y Eduardo Farah consideraron
que el archivo del caso es prematuro porque aún quedan medidas probatorias a
realizar que podrían “resultar idóneas para el descubrimiento de la verdad
material”. En tal sentido, puntualizaron que resulta necesario establecer “las
circunstancias en que los reglamentos de origen militar fueron dictados, el
procedimiento seguido para su creación, las personas que participaron de ese
proceso y los documentos que sirvieron de base para ello”. Freiler, Ballestero y
Farah consideraron que “el contexto socio-político imperante no sólo en nuestro
país sino también en el resto de América Latina (...) permite inferir la
posibilidad de que integrantes de fuerzas de seguridad de países extranjeros
hayan colaborado, de algún modo, con su elaboración”. También expresaron que es
necesario conocer el destino de los manuales y el modo en que fueron utilizados.
Los camaristas pretenden, además, confirmar si fueron derogados y, en su caso,
con cuáles instrucciones fueron reemplazados.
Fuente: Página 12
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