CUATRO REPRESORES CONDENADOS, UNA ABSOLUCIÓN Y UN SHOW DE CECILIA PANDO QUE INCLUYO AMENAZAS DE MUERTE
“Te voy a matar con mis propias manos”

La defensora mediática de los represores acusó a los jueces de “cobardes” y amenazó al secretario de Derechos Humanos y a la diputada Victoria Donda, luego de que un tribunal correntino condenara a tres militares y a un ex gendarme por crímenes de lesa humanidad.
 

Cecilia Pando hizo el gesto de degüello mientras gritaba a sobrevivientes y familiares de desaparecidos. Imagen: Télam

Por Diego Martínez

El Tribunal Oral Federal de Corrientes condenó ayer a tres oficiales retirados del Ejército y a un ex comandante de Gendarmería por crímenes de lesa humanidad cometidos en el Regimiento de Infantería 9 durante la dictadura. El empresario ganadero y ex presidente de la Sociedad Rural de la provincia, capitán Juan Carlos De Marchi, apodado “El Electricista” por sus destrezas con la picana, pasará 25 años en una cárcel común como cualquier hijo de vecino. La sentencia incluyó la absolución de un suboficial del Ejército, la segunda desde la reapertura de las causas, y un espectáculo dantesco de la militante por los derechos de los genocidas Cecilia Pando, que incluyó amenazas de muerte a los jueces, a la diputada Victoria Donda y al titular de la Secretaría de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde.
El juicio tuvo un gran ausente: el general Cristino Nicolaides, comandante de la Brigada de Infantería VII de la que dependía el Regimiento donde se cometieron los crímenes. El ex jefe del Ejército fue condenado a 25 años de prisión en diciembre por los secuestros y desapariciones de cinco militantes montoneros que ingresaron al país en 1979. La salud le evitó una segunda condena segura. Aún goza de prisión domiciliaria en su casa del barrio Cerro de las Rosas, en Córdoba.
Los represores correntinos fueron juzgados por el homicidio de Rómulo Artieda, la desaparición forzada de Juan Ramón Vargas y una veintena de secuestros y tormentos agravados. Luego de su cautiverio en el Regimiento 9, Artieda fue asesinado y enterrado en una fosa común del cementerio de Empedrado. De allí lo exhumó el Equipo Argentino de Antropología Forense.
La pena mayor, prisión perpetua, recayó sobre el coronel Julio Rafael Manuel Barreiro. El tribunal que preside Víctor Alonso e integran Lucrecia Rojas de Bardaró y Guillermo Navarro lo consideró autor del delito de asociación ilícita, coautor de la privación ilegítima de la libertad seguida de muerte de Artieda y de trece secuestros agravados por violencia, duración y aplicación de tormentos a perseguidos políticos.
De Marchi y el coronel Horacio Losito, agregado militar en Italia hasta 2003, fueron condenados a 25 años de prisión por asociación ilícita más once y diez secuestros y tormentos respectivamente. El gendarme Raúl Alfredo Reynoso, alias “El Astiz correntino” por infiltrarse en la familia de Artieda, fue condenado a 18 años de prisión como partícipe necesario en seis casos y coautor de un séptimo. Sólo resta definir si cumplirán sus penas en Marcos Paz o en Resistencia.
El absuelto de culpa y cargo es el sargento retirado Carlos Roberto Píriz. Los motivos de la absolución, que las querellas van a recurrir ante la Cámara de Casación, se conocerán el 17 de septiembre cuando el tribunal dé a conocer sus fundamentos. “La absolución demuestra que las sentencias no están escritas de antemano, que los juzgamientos no son políticos y que estamos transitando el camino de la justicia y la verdad. Píriz llegó a juicio porque había pruebas suficientes. Que un tribunal imparcial pueda valorar la prueba y resolver lo contrario forma parte de las reglas de un estado de derecho”, sintetizó el abogado Mario Bosch, querellante en representación de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

Un día histórico

Si bien la sentencia a Menéndez & Cía. en Córdoba fue la primera del interior del país (Miguel Etchecolatz y el cura Christian von Wernich fueron condenados en La Plata, que para el interior profundo es un anexo de Buenos Aires), el primer juicio oral y público en comenzar, a principios de febrero, fue el de Corrientes.
La previa de ayer arrancó, pese al frío, con una vigilia de pibes de Barrios de Pie y agrupaciones estudiantiles en la esquina del tribunal, en La Rioja y Carlos Pellegrini. Con el correr de la mañana llegaron los miembros de la Comisión de Derechos Humanos de Corrientes, militantes y familiares de Misiones, Chaco y Entre Ríos, funcionarios nacionales, Taty Almeida, de Madres de Plaza de Mayo, y la diputada nacional Victoria Donda.
Pando correteó ante la indiferencia generalizada y desparramó panfletos con una frase que habría suscripto el ex presidente de Peugeot Argentina y actual embajador argentino en Francia, Luis Ureta Sáenz Peña, en la cual se expresaría “reconocimiento y solidaridad” a quienes “derrotaron a las organizaciones terroristas que pretendieron imponernos un régimen marxista”.
La actitud humilde de los familiares del suboficial Píriz contrastó con la arrogancia y la pilcha de los críos de los oficiales. “Entran con chalecos antibalas los héroes de Malvinas”, arengó un hijo de Losito cuando ingresaron a la sala. Un segundo después de que el juez Alonso, con la cruz sobre su cabeza, terminara de leer la sentencia, Pando se paró sobre una silla y empezó a gritar desaforada. “Ustedes van a pagar por lo que están haciendo. Juzguen al terrorismo, no sean cobardes”, les gritó a los jueces mientras se retiraban de la sala.
A diferencia de Córdoba, donde los familiares de los imputados le exigieron no hacer papelones y acató sin chistar, en Corrientes nadie intentó contenerla. En línea con el alegato del condenado Menéndez y sin disimular sus desequilibrios, Pando reiteró varias veces el típico gesto de degüello mientras gritaba “¡Asesinos! ¡Terroristas! ¡Falsificadores!” a sobrevivientes y familiares que se abrazaban. “¡Te voy a matar con mis propias manos!”, amenazó al secretario Duhalde. “¡Son jueces parciales! ¡Se les ha pagado a todos!”, agregó una cuarentona indignada. A la hora de insultar también sobresalieron la esposa y un hijo de Losito, educado “en la moral cristiana” según el coronel. “Les ponemos los micrófonos y somos sujetos de agresiones. Todos los medios recibimos patadas y cachetazos”, relató en vivo un corresponsal de televisión. La respuesta de quienes supieron esperar justicia durante treinta años no se hizo esperar:
–¡¿Rómulo Artieda?!
–¡Presente!
–¡¿Juan Vargas?!
–¡Presente!
Alguien aconsejó “un psiquiatra” para Pando y un coro de voces comenzó a celebrar. “Como a los nazis, les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar.” Las amenazas siguieron fuera de la sala. “¡Nos la vas a pagar!”, le gritó el hijo de De Marchi al fiscal Oscar Resoagli, que intervino en la primera etapa de la causa. En la calle, medio millar de personas que escucharon la sentencia en vivo seguían celebrando.

El verdadero rostro de Cecilia

Defensora del obispo Baseotto, del capellán Christian Von Wernich, de cuanto represor andaba suelto en espera de un juicio, Cecilia Pando se dejó llevar por su instinto. Las cámaras de la tele, que tanto usó, la expusieron sin maquillajes.

Por Nora Veiras

Los ojos desorbitados, la mandíbula copándole el rostro, la voz ronca lastimada de tanto gritar. Cecilia Pando se convirtió ayer en la atroz caricatura de sí misma. Su odio y rencor quedaron al descubierto en forma y contenido. La mujer que sigue repitiendo que “los desaparecidos están vivos en España” se mostró en plenitud tras la condena a un grupo de represores en Corrientes. Ante la Justicia, la amenaza de muerte.
En los estertores del verano del 2005, la esposa del mayor del Ejército Rafael Mercado empezó a construirse como icono de la ultraderecha a partir de una carta de lectores publicada en La Nación. La defensa del entonces obispo castrense Antonio Baseotto fue la excusa para criticar la política de derechos humanos del gobierno de Néstor Kirchner. “En esa famosa carta manifesté mis ideas, lo que pienso, porque me sentí y me siento agredida continuamente por el presidente de la Nación. Primero, con el hecho de que lo había sacado a monseñor Baseotto del obispado castrense. Porque el presidente en ese tema no es nadie, tiene que cerrar la boca y respetar lo que dice el Vaticano. Pero él siempre quiere más, quiere pasar por sobre la autoridad del Vaticano”, explicó.
Baseotto oficiaba de padre espiritual de los familiares y represores que empezaban a ser detenidos por delitos de lesa humanidad. Pando, joven, madre de siete hijos, docente, apareció como el mascarón de proa de una remake de los Familiares y Amigos de Muertos por la Subversión (Famus), la entidad que durante el alfonsinismo había intentado contrarrestar la lucha de los organismos defensores de los derechos humanos.
A medida que ganaba espacio en los medios, aparecieron los sponsors. Bernardo Neustadt la catapultó como uno de “los talentos” de su fundación. Mercado fue pasado a retiro por no haberse diferenciado de los dichos de su esposa, agraviantes para el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, a la sazón, el Presidente, pero rápidamente consiguió trabajo en Scanner S.A. La empresa fundada por el teniente coronel retirado Héctor Schwab, detenido en el 2003 por orden del juez español Baltasar Garzón, le dio cobijo y apeló a sus contactos para encontrarle lugar a Pando en uno de los colegios de Fasta. La Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (Fasta), que encabeza el cura ultranacionalista Aníbal Fosbery, quien supo acompañar en los ’70 a José López Rega a Libia, es uno de los refugios del matrimonio y lugar de estudio de sus hijos.
En ese momento desde la secretaría de la Unión de Promociones, Schwab apadrinó a su hija María Pía y a Pando para formar la Asociación de Familiares y Amigos de los Presos Políticos de Argentina (Afyappa). Remeras blancas con una gran bandera argentina encerrada entre rejas –la “Patria presa”– fue el distintivo de ella y otras señoras frente a los tribunales de Comodoro Py. “Reclamamos libertad ya, para todos los detenidos sin sentencia o proceso por supuestos delitos de la década del ’70. Una Navidad sin presos políticos será el primer paso para terminar este cíclico proceso de venganzas, nuestra historia tiene demasiados vaivenes. Quiera Dios que mañana la venganza y la revancha política que hoy se implementan no causen nuevas víctimas al pueblo argentino”, empezó a arengar en diciembre de 2005.
Para entonces ya se había acercado al entonces ascendente Juan Carlos Blumberg y aportado conciencias de colegios de la zona norte a sus marchas por seguridad. En marzo de 2006 irrumpió en la Casa Rosada. Como asesora de la diputada Nélida Mansur del partido de Luis Abelardo Patti, se coló en un acto por el Día de la Mujer y cruzó a Kirchner a los gritos. Se quejó, con razón, porque su esposo había sido castigado por los dichos de ella en función del código castrense. Fue un ensayo de los gritos desaforados. Poco después amenazó con encadenarse a las rejas del Edificio Libertador, sede del Ministerio de Defensa, y a los pocos días se le impidió entrar en un acto en el Colegio Militar.
Así, a fuerza de escandaletes Pando fue forjando su lugar mediático. En el camino había quedado el otro rostro femenino de la defensa de los represores: Karina Mujica. La ex novia de Alfredo Astiz tuvo que resignar protagonismo cuando una cámara la descubrió en un prostíbulo marplatense. La doble moral la alejó de las luces y la relegó a una escuela de danza y folklore en Luján. Su militancia en Memoria Completa quedó opacada.
Las señoras de Afyappa redoblaron esfuerzos al ritmo del avance de los procesos contra los represores. Aparecieron en las audiencias del juicio al capellán de Ramón Camps, Christian Von Wernich y Pando tuvo un primer conato de gritos hasta que le prohibieron entrar. En la página web políticaydesarrollo, escribió horrorizada por el traslado del cura al penal de Marcos Paz: “Dios, que en su infinita sabiduría sabe escribir derecho con las conductas torcidas de los hombres, seguramente encontrará en este injusto traslado la posibilidad de que otros detenidos encuentren la paz y el apoyo espiritual que necesitan para soportar su calvario”.
Este año la tropa pandista intentó disputar cada martes la Plaza de Mayo. Un grupo raleado pintó crespones cerca de los pañuelos de las Madres para pedir justicia por “los muertos por la subversión”. Entrenadas ya, se sumaron a más de una marcha en favor del reciente lockout ruralista.
Pando había aparecido en el inicio del juicio en Corrientes y fue consecuente en el final. Desencajada, dejó al descubierto la impotencia de su marginalidad.

Fuente: Página 12

 

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