COMO LA PRENSA DE DERECHA MUNDIAL JUSTIFICA LA INVASIÓN A GAZA
Geografía de la propaganda israelí
En los últimos diez años fueron 600 los muertos palestinos y 20
los israelíes. Tras veinte días de ofensiva en Gaza, las víctimas palestinas
superan las 900 y alrededor de 13 las israelíes.
Por Robert Fisk *
Todo depende de dónde viva uno. Esa es la geografía de la propaganda israelí,
diseñada para demostrar que los blandengues como nosotros –liberalitos que
mimamos bebés en nuestros hogares seguros de Occidente– no nos damos cuenta del
horror de las 12 (ahora 20) muertes de israelíes en 10 años, de los miles de
cohetes y el inimaginable trauma y estrés de vivir cerca de Gaza.
Olvidemos los 600 palestinos muertos allí en ese lapso; viajar en los dos lados
del Atlántico en las dos semanas pasadas ha sido una experiencia instructiva,
por no decir extrañamente repetitiva.
Fue algo así: en Toronto abrí el diario derechista National Post y me encontré a
Lorne Gunter tratando de explicar a los lectores lo que se siente estar bajo un
ataque con cohetes palestinos. “Suponga el lector que vive en el suburbio de Don
Mills, en Toronto, y que los pobladores del suburbio de Scarborough –ubicado a
unos 10 kilómetros– lanzaran 100 cohetes diarios a su patio, a la escuela de su
hijo, al centro comercial de su calle y al consultorio de su dentista...”
¿Captan el mensaje? Ocurre, claro, que los pobladores de Scarborough son
marginados, con frecuencia nuevos inmigrantes –muchos de Afganistán–, en tanto
los de Don Mills son en su mayoría de clase media, entre ellos cierto número de
musulmanes. Nada mejor que encajar un puñal en la sociedad multicultural
canadiense para mostrar por qué Israel está totalmente justificado en su
represalia contra los palestinos.
En un periplo a Montreal, dos días después, eché un ojo al periódico La Presse,
en lengua francesa. Y sí, había un artículo firmado por 16 escritores,
académicos y economistas pro israelíes que trataban de explicar lo que se siente
estar bajo el fuego de cohetes palestinos. “Imaginen por un momento que los
niños de Longueil viven día y noche en el terror, que los negocios, tiendas,
hospitales y escuelas son blancos de terroristas ubicados en Brossard.” Longueil,
debe añadirse, es una comunidad de negros e inmigrantes musulmanes, afganos e
iraníes. Pero, ¿quiénes son los “terroristas” de Brossard?
Dos días más tarde estoy en Dublín. Abro The Irish Times y encuentro una carta
en la que el embajador israelí en Irlanda intenta explicar a esa nación lo que
se siente estar bajo el fuego de cohetes palestinos. ¿Adivinan lo que sigue?
Claro que sí. “¿Qué harían ustedes –pregunta Zion Evonry a los lectores– si
Dublín fuera sujeta a un bombardeo de 8 mil cohetes y morteros...?” Y así
sucesivamente.
Inútil es decir que estoy a la espera de que esos escritores nos pregunten cómo
nos sentiríamos si viviéramos en Don Mills o Brossard o Dublín y estuviéramos
bajo el fuego de aviones supersónicos y tanques Merkava y miles de soldados
cuyos proyectiles y bombas vuelan en pedazos a 40 mujeres y niños fuera de una
escuela, descuartizan familias enteras en sus camas y que, después de casi una
semana, han dado muerte a 200 civiles y causado lesiones a 600.
En Irlanda, mi justificación favorita de este baño de sangre provino de mi viejo
amigo Kevin Myers. “La cuota de muertes en Gaza es, por supuesto, estremecedora,
aterradora, indescriptible –deploró–. Sin embargo, no se compara con la cuota
mortal de israelíes si Hamas lograra sus objetivos.” ¿Entienden? La masacre en
Gaza se justifica porque Hamas haría lo mismo si pudiera, aunque no lo haga
porque no puede.
Se necesitó un Fintan O’Toole, filósofo en jefe residente del Irish Times, para
decir lo indecible: “¿Cuándo expira el mandato de victimidad? –preguntó–. ¿En
qué punto el genocidio nazi de los judíos en Europa deja de exculpar al Estado
de Israel ante las demandas del derecho internacional y el derecho común de la
humanidad?”.
Lo que sospecho, sin embargo, es que la separación y casi guerra civil entre
Hamas y la Autoridad Palestina tiene mucho en común con la división entre el
Estado Libre Irlandés y las fuerzas opositoras al tratado que condujo a la
guerra civil irlandesa de 1922-23; que la negativa de Hamas a reconocer a
Israel, y la de los enemigos de Michael Collins que rehusaron reconocer el
tratado angloirlandés y la frontera con Irlanda del Norte, son tragedias que
también tienen mucho en común. Hoy, Israel desempeña el papel de Gran Bretaña,
al conminar a quienes están por el tratado (Mahmud Abbas) a destruir a quienes
están en contra (Hamas).
Terminé la semana en uno de esos debates del Servicio Mundial de la BBC, en el
que un fulano del Jerusalem Post, uno de Al Jazeera, un académico británico y
quien escribe ejecutaron los acostumbrados pasos de baile en torno de la
catástrofe en Gaza. En el momento en que mencioné que 600 palestinos muertos por
20 israelíes muertos en Gaza en 10 años era algo grotesco, los escuchas pro
israelíes me condenaron por dar a entender (cosa que no hice) que sólo 20
israelíes han perecido en todo Israel en 10 años. Desde luego que han muerto
cientos de israelíes fuera de Gaza en ese tiempo, pero lo mismo ha ocurrido con
miles de palestinos.
Mi momento favorito llegó cuando señalé que los periodistas deberíamos estar del
lado de quienes sufren. Si habláramos del comercio de esclavos en el siglo XVIII,
no le daríamos igualdad de tiempo al capitán del navío de esclavos en nuestros
reportes. Si cubriéramos la liberación de un campo de concentración nazi, no le
daríamos igualdad de tiempo al vocero de las SS. A lo cual un periodista del
Jewish Telegraph de Praga respondió que “las fuerzas de defensa de Israel no son
Hitler”. Claro que no. Pero, ¿quién dijo que lo fueran?
* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.