LA POLICÍA DESPEJO EL PIQUETE A GOLPES Y HUBO DECENAS DE HERIDOS Y 250 DETENIDOS
Feroz represión en la ruta a Tegucigalpa

El maestro de escuela Roger Vallejos recibió un balazo en la cabeza y fue
llevado al Hospital Escuela de la zona para ingresar inmediatamente al
quirófano. Según versiones no confirmadas al cierre de esta edición, Vallejos ya
habría muerto.
La dictadura de Honduras salió ayer a reprimir con todo. Como cada día desde el
golpe de Estado del 28 de junio, cientos de manifestantes agrupados en el Frente
Nacional de Resistencia salieron a protestar a las calles de Tegucigalpa. Pero
esta vez el asfalto terminó lleno de sangre. “Llegaron unos 800 policías y
militares. Y ahí nomás nos empezaron a apalear con una brutalidad increíble.
Cuando vieron que resistíamos, se empezaron a oír disparos”, le dijo a Página/12
vía telefónica desde la comisaría 4ª del barrio de Belén en Tegucigalpa Juan
Barahona, dirigente del Bloque Popular que fue detenido por la policía. “Nos
golpearon como nunca lo habían hecho. Nos trataron como animales. Pero estos
oligarcas no van a poder aplastar al pueblo”, aseguró el dirigente. El maestro
de escuela Roger Vallejos recibió un balazo en la cabeza y fue llevado al
Hospital Escuela de la zona para ingresar inmediatamente al quirófano. Según
versiones no confirmadas al cierre de esta edición, Vallejos ya habría muerto.
Al menos 250 personas fueron detenidas, entre ellas Carlos Reyes, dirigente
popular y candidato independiente a las elecciones presidenciales de noviembre,
que terminó con siete puntos en la cabeza. Hay decenas de heridos, seis de ellos
de gravedad.
A más de un mes del golpe, el objetivo de la protesta había sido cortar la ruta
que conecta la capital hacia el norte con la ciudad de San Pedro Sula. El punto
elegido fue un pueblo conocido como la posta El Durazno, a 20 kilómetros de
Tegucigalpa. En su mayoría trabajadores de sindicatos estatales y maestros
nucleados en el Bloque Popular, unos dos mil manifestantes llegaron a la ruta
alrededor de las 8 de la mañana. El piquete fue en simultáneo con otros bloqueos
en Comayagua, en la zona central, El Amarillo, en la frontera sur con El
Salvador, y en San Pedro Sula, segunda ciudad e importante centro industrial, en
el norte.
Pero a las 11 de la mañana, El Durazno se transformó en una batalla campal.
Llegaron las fuerzas antimotines de la policía y el ejército y no hubo ningún
intento de diálogo. “La orden es desalojar y velar por la libre circulación de
personas y vehículos”, había advertido minutos antes un comunicado del
Ministerio de Seguridad. Apoyados por tanques hidráulicos, cientos de efectivos
se lanzaron sobre la multitud.
“Los agentes y militares nos dispararon con balas de goma y otras de plomo,
lanzaron bombas lacrimógenas desde un helicóptero, impidieron que los heridos
recibieran atención médica y nos persiguieron varios kilómetros”, relató el
candidato presidencial Carlos Reyes.
Según le explicó a este diario el dirigente sindical Barahona, la gente empezó a
correr hacia el barrio conocido como Zonal Belén, en dirección a la capital,
pero la policía los persiguió hasta allí, los alcanzó cerca del mercado local y
los siguió apaleando. Después se los llevaron. Se necesitaron diez patrullas de
policía y dos buses repletos. Y no alcanzó: algunos tuvieron que marchar por el
borde de la ruta con los pies encadenados.
La represión de ayer marcó un cambio, ya que la policía, hasta ahora, vigilaba
de cerca pero no impedía los cortes de ruta. Según un diplomático extranjero en
Tegucigalpa, la dictadura comandada por Micheletti decidió comenzar a reprimir
debido a las quejas de los empresarios, que dicen que los cortes de caminos les
causan pérdidas millonarias.
Mientras tanto, desde el puesto fronterizo de Las Manos, del lado nicaragüense
en la frontera, Zelaya anunció ayer que volverá mediante un acuerdo político,
pero con la fuerza del pueblo organizado en milicias populares. “La fuerza y la
milicia popular que va a apoyar a este presidente en su retorno son ustedes,
compañeros”, les dijo a los casi 300 campesinos que lo acompañan en su exilio.
“Este es el ejército popular y pacífico que necesita nuestro país para defender
sus conquistas y sus derechos. Nos entrenaremos con las mejores armas, que son
la razón y la verdad”, aseguró el mandatario.
Según allegados a Zelaya, el líder hondureño ya estaría en tratativas con
agentes del gobierno sandinista para trasladarse junto a sus seguidores a una
finca en la zona de la frontera y así comenzar el “entrenamiento ideológico” de
sus seguidores.
Informe: Martín Suaya.
Fuente: Página 12
Escribinos (mencionando a qué nota se refiere tu comentario)