
1) Silvio se compró un paquete de Derby, tiró del precinto rojo,
arrancó el papel metalizado de la parte de arriba y de memoria sacó
un pucho y lo prendió. Pocos minutos después sacudió el paquete
sosteniendo los cigarrillos y cayó al suelo un papelito dorado: Te
ganaste un viaje a Malvinas para dos personas.
Recién se había casado con su segunda mujer. Tenía miedo a un nuevo
fracaso matrimonial. En el hospital le dijeron que él no podía tener
hijos. Silvio no estaba en paz, sus gritos no tenían voz: se rompían
en el estomago. Le dijo a su mujer que lo acompañara. Iba a volver a
Malvinas 20 años después. No se animó a ir al cementerio pero
recorrió casi todos los lugares donde había padecido frío, hambre,
racismo y torturas por parte de sus superiores.
En el transcurso de ese viaje, en una noche fría en esas islas
argentinas con banderas inglesas Silvio y su mujer concibieron a su
primer hijo. Volvieron a la ciudad de Buenos Aires y él volvió a
sentir que la vida tenía algún camino.
Hoy, 27 años después, Silvio cuenta todo lo que le pasó. Es una
catarata, sus palabras caen con fuerza, sin contención, sin
elaboración. No hay crónica, hay desahogo. Silvio empezó terapia
hace dos años y hoy es feliz con su mujer y sus dos hijos. Cuenta
que fue a Malvinas a los 18 años, como conscripto. Se le estropearon
los píes por el frío. Su jefe de compañía lo maltrató durante todo
el tiempo que duro la guerra. No pudo saber si los ingleses eran tan
tiranos como los militares argentinos. Su jefe, Eduardo Flores
Ardoino, le decía: Judío de mierda, cobarde, vos no vas a pelear,
nos vas a traicionar, anda a pelear a Israel. Lo estaquearon por ir
a comprar comida y cigarrillos a un mercado; comía dos arvejas por
día y una vez lo hicieron comer agachado, sin usar las manos, como
un perro, su comida mezclada con mierda.
Eso lo hizo un militar argentino que defendía la patria, educado en
las escuelas argentinas de nuestra patria, educado para asesinar y
torturar compatriotas y huir por los montes ante el ataque del
enemigo inglés. Los días previos a la rendición, cuando la isla era
un caos sin comando ni conducción, Flores Ardoino se borró y
apareció días después, en suelo de Puerto Argentino, terminada la
guerra, saludando a sus soldados. En las islas, algunas noches,
arengaba a esos soldados dándoles whisky, un cigarrillo y una
palmadita en el pecho. Bien argentino. Cuando llegaba el turno de
Silvio, no le daba nada, por judío cobarde. Silvio tuvo que soportar
que algunos de sus compañeros también lo maltrataran, contagiados
por las palabras de Flores. Silvio se sentía culpable, cobarde.
Hasta que abrió ese paquete de Derby y volvió, y volvió y volvió. Y
hoy se junta con sus compañeros conscriptos de Malvinas y son amigos
y son libres.
2) Los milicos argentinos luego de torturar, matar y desaparecer decenas de miles de personas en todo el país, cuando ya estaban acabando con ese genocidio feroz, se ocuparon de dejar sus últimas huellas: los conscriptos que fueron llevados a Malvinas sin preparación militar, sin equipamiento, sin comida y maltratados por sus jefes, fueron las últimas víctimas de la dictadura. Los conscriptos combatientes lucharon con lo que tenían en una entrega digna y patriota, en contraste con sus respectivos jefes que en muchos casos demostraron una cobardía extrema. La misma cobardía que exponían cuando violaban mujeres en los centros clandestinos de detención o cuando se apropiaban de niñas y niños hijos de desaparecidos.
3) La muerte de Alfonsín (o la cobertura mediática de la muerte de Alfonsín) tapó un nuevo aniversario de la Guerra de Malvinas. La presidenta Cristina, sin embargo, no olvidó y en la mismísima Londres reivindicó la soberanía Argentina sobre Malvinas y señaló el maltrato que sufrieron los conscriptos que fueron llevados a Malvinas por los militares cobardes y genocidas que gobernaban este país.
Así como la muerte de Alfonsín escondió todo por un rato, también Alfonsín y la sociedad argentina de los años 80 escondieron a los ex combatientes en un rincón oscuro, o en los subtes, colectivos o trenes. Esa ocultamiento les costó a los ex combatientes más muertes por suicidios que las bajas que habían sufrido en la Guerra. Esta era otra deuda que la Argentina debía afrontar.
En los últimos años, con el gobierno de Néstor Kirchner y ahora con el de Cristina se visualizó una clara política reivindicatoria hacia este sector tan agredido por nuestra sociedad. Desde el Estado se recogió la lucha de los ex conscriptos y se les quitó la manta sucia y gris con que la sociedad los había cubierto. Nadie hizo más por los ex combatientes de Malvinas que los gobiernos de Néstor y Cristina, con un discurso sostenido de reivindicación histórica y con políticas públicas de subsidios, pensiones y programas dirigidos. Esto hay que decirlo. Y, en todo caso, discutirlo. Nunca ocultarlo. Este gobierno puso esa agenda sobre la mesa de la política, como hizo con tantos otros temas que estaban cajoneados en nuestro país. Generar agenda y discusiones le da verdadera calidad a la democracia.
4) Todo lo que se tira al río vuelve. Actualmente hay dos causas importantes, una en Río Grande y otra en Comodoro Rivadavia, en las cuales se encuentran imputados decenas de militares que torturaron en Malvinas. La jueza de Comodoro Rivadavia ya proceso a algunos y declaró imprescriptibles esos delitos. En casi todas las provincias se están recogiendo testimonios para agregar a esas causas.
Tengo el honor, como abogado y militante, de trabajar en la Defensoría del Pueblo de la Ciudad y desde allí recibir los testimonios de los ex combatientes torturados en Malvinas que residen en la Ciudad de Buenos Aires. Y tengo la emoción de poder contarlo.
2) Los milicos argentinos luego de torturar, matar y desaparecer decenas de miles de personas en todo el país, cuando ya estaban acabando con ese genocidio feroz, se ocuparon de dejar sus últimas huellas: los conscriptos que fueron llevados a Malvinas sin preparación militar, sin equipamiento, sin comida y maltratados por sus jefes, fueron las últimas víctimas de la dictadura. Los conscriptos combatientes lucharon con lo que tenían en una entrega digna y patriota, en contraste con sus respectivos jefes que en muchos casos demostraron una cobardía extrema. La misma cobardía que exponían cuando violaban mujeres en los centros clandestinos de detención o cuando se apropiaban de niñas y niños hijos de desaparecidos.
3) La muerte de Alfonsín (o la cobertura mediática de la muerte de Alfonsín) tapó un nuevo aniversario de la Guerra de Malvinas. La presidenta Cristina, sin embargo, no olvidó y en la mismísima Londres reivindicó la soberanía Argentina sobre Malvinas y señaló el maltrato que sufrieron los conscriptos que fueron llevados a Malvinas por los militares cobardes y genocidas que gobernaban este país.
Así como la muerte de Alfonsín escondió todo por un rato, también Alfonsín y la sociedad argentina de los años 80 escondieron a los ex combatientes en un rincón oscuro, o en los subtes, colectivos o trenes. Esa ocultamiento les costó a los ex combatientes más muertes por suicidios que las bajas que habían sufrido en la Guerra. Esta era otra deuda que la Argentina debía afrontar.
En los últimos años, con el gobierno de Néstor Kirchner y ahora con el de Cristina se visualizó una clara política reivindicatoria hacia este sector tan agredido por nuestra sociedad. Desde el Estado se recogió la lucha de los ex conscriptos y se les quitó la manta sucia y gris con que la sociedad los había cubierto. Nadie hizo más por los ex combatientes de Malvinas que los gobiernos de Néstor y Cristina, con un discurso sostenido de reivindicación histórica y con políticas públicas de subsidios, pensiones y programas dirigidos. Esto hay que decirlo. Y, en todo caso, discutirlo. Nunca ocultarlo. Este gobierno puso esa agenda sobre la mesa de la política, como hizo con tantos otros temas que estaban cajoneados en nuestro país. Generar agenda y discusiones le da verdadera calidad a la democracia.
4) Todo lo que se tira al río vuelve. Actualmente hay dos causas importantes, una en Río Grande y otra en Comodoro Rivadavia, en las cuales se encuentran imputados decenas de militares que torturaron en Malvinas. La jueza de Comodoro Rivadavia ya proceso a algunos y declaró imprescriptibles esos delitos. En casi todas las provincias se están recogiendo testimonios para agregar a esas causas.
Tengo el honor, como abogado y militante, de trabajar en la Defensoría del Pueblo de la Ciudad y desde allí recibir los testimonios de los ex combatientes torturados en Malvinas que residen en la Ciudad de Buenos Aires. Y tengo la emoción de poder contarlo.