La Escuela Francesa
Entrevista a Marie-Monique Robin, directora de "Escuadrones de la muerte"
Marie-Monique
nos cuenta su investigación, las estrategia del ejército argentino en la agencia
supranacional del crimen que era la Operación Cóndor. Nos cuenta también, cómo
Francia, a la vez que defendía los derechos humanos, en tinieblas asesoraba a
las dictaduras con una perfecta maquinaria paramilitar: la temible OAS.
Por Raúl Favella y Silvia Rodulfo
"¡Gracias señora, ahora lo han dicho, lo han reconocido, y puedo empezar el
duelo por la pérdida de mi hijo que nunca va a aparecer!" Estas últimas palabras
pertenecen a una Madre de Plaza de Mayo, y fueron dichas cuando la mujer tuvo
oportunidad de conversar en directo con Marie-Monique Robin, la documentalista e
historiadora francesa que acaba de estrenar en Buenos Aires su filme Escuadrones
de la Muerte, la escuela francesa. Una mujer, una madre de desaparecido, le
agradece a Marie-Monique que su obra narre la tragedia a través de la boca de
los verdugos. Nadie más, a partir de ahora, podrá llamar locas a las mujeres del
pañuelo blanco. Allí están los dueños de vidas y haciendas Reinaldo Bignone,
Albano Harguindegy y Ramón Genaro Díaz Bessone (ver cuadro), confesando lo que
hasta ahora sus voces habían sabido callar en los tribunales de justicia y ante
la prensa. Para ello contaban con una siniestra elaboración intelectual: el
eufemismo. Errores, excesos, últimamente daños colaterales para estar más a la
moda, toda una gama de expresiones que brotaban de sus bocas de mando como un
acto de ilusionismo, al que invariablemente recurrían en postreros intentos de
agregar a la historia el capítulo exculpatorio de sus crímenes.
Marie-Monique nos contó los comienzos de su investigación a partir de la
estrategia que el ejército argentino puso en práctica en 1974 junto a sus
homólogos chileno y uruguayo, a través de ejercicios coordinados de cooperación
–en la llamada Operación Cóndor– que consistían en el intercambio de información
de los desplazamientos de los militantes opositores que huían de un país a otro,
esperando salvar sus vidas en algunos casos, y en otros colaborar desde zonas
más o menos cercanas con la resistencia de sus países de origen. Entre esas
circunstancias, Francia aparece como una metáfora del Templo de Jano, el dios
romano de dos caras. Mientras a la luz del día reivindica su tradicional defensa
de los derechos humanos, en tinieblas asesora a las dictaduras mediante las
teorías elaboradas por el ejército francés como consecuencia de las guerras
coloniales de Indochina y Argelia, y en ésta última la creación de su perfecta
maquinaria paramilitar: la temible OAS.
"Me interesaba saber", nos dijo Marie-Monique en la entrevista que nos concedió,
"cómo los gobiernos de facto habían creado la agencia supranacional del crimen
que era la Operación Cóndor, y cómo era su mecánica tan feroz. Empecé a leer
libros sobre el tema, todos escritos por latinoamericanos –ahora hay también uno
de un norteamericano, John Dinges– y leyéndolos me di cuenta de que siempre se
mencionaba a los franceses como parte de la cuña ideológica. Eso me llamó la
atención porque nunca había oído hablar de esto, como nadie en Francia, ni
siquiera los historiadores, ya que ellos también lo descubrieron viendo mi
documental. Entonces traté de entender el por qué de hablar de Francia en este
cuadro. Porque trabajando sobre la Operación Cóndor pensé que iba a llegar a
Estados Unidos, por supuesto, pero nunca a Francia. Y tuve que hacer un trabajo
de archivo, de testigos, desde la guerra colonial de Indochina, que está al
principio de esta historia".
Argentina fue la cabecera del ejército francés en el Cono Sur de América, desde
donde extendió su influencia hasta Brasil y Chile. En nuestro país una misión
francesa permaneció durante más de veinte años, hasta promediar la última
dictadura, con la sola interrupción impuesta en 1973 por el breve gobierno del
Presidente Héctor Cámpora. Todo comenzó en 1957, a pedido del general Carlos
Rosas, seguido del primer viaje de instrucción a Francia de oficiales argentinos
entre los que se encontraba el general Alcides López Aufranc, quién permaneció
allí durante dos años y luego desempeñó un activo rol como instructor y en la
coordinación de la misión, tal como él mismo da testimonio en Escuadrones de la
muerte: la escuela francesa.
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"Cuando teníamos a un tipo que ponía una bomba lo apretábamos para quediera toda la información. Una vez que había contado todo lo que sabía, terminábamos con él. Ya no sentiría nada. Lo hacíamos desaparecer." General Aussaresses |
El ritmo informativo
vertiginoso del filme encierra al espectador entre los márgenes de la vasta
cuota de dolor que la historia le depara a la conciencia humana. Pero, ¿basta
recordar el pasado para evitar que se repita, como parece afirmar Santayana
cuando dice que quienes lo olvidan "están condenados a repetirlo"? La gran
potencia del filme de Marie-Monique radica en la transparencia del pasado, que
permite entrever las prioridades de la política internacional del momento. Uno
de los puntos más altos es el testimonio del inmutable general Paul Aussaresses,
refiriendo sin cargo alguno de conciencia las torturas y desapariciones
cometidas en Argelia, y su periplo por Estados Unidos junto a un grupo de
veteranos para instruir al ejército de ese país en las técnicas que luego se
aplicarían en Vietnam, y casi tres décadas después en Afganistán, Guantánamo e
Irak.
Tu película demuestra que lo que da lugar a la represión en nuestro país es una
coyuntura internacional, y hoy en día hay una coyuntura de legitimación de la
represión y la tortura. El filme es un toque de alerta sobre ese círculo
infernal universal.
Marie-Monique Robin: La teoría de los franceses es una concepción militar
apoyada en la experiencia de Indochina. Llegaron allí después de terminada la
Segunda Guerra Mundial, que era una guerra clásica, con un frente y con soldados
en uniforme. Pero cuando llegan a Indochina se dan cuenta de que son muy
numerosos y están muy bien equipados, de que no pueden acabar con el viet minh y
se preguntan por qué. Así nace la teoría de la guerra contrarrevolucionaria,
porque el viet minh anda sin uniformes, escondido en la población que les presta
apoyo, dándoles comida. La llaman una guerra moderna. ¿Por qué es moderna?
Porque no hay frente, es una guerra de superficie, el enemigo está escondido en
todo el terreno, no se sabe dónde está. El enemigo es interno, no está afuera,
todo el mundo se vuelve sospechoso, hay que controlar a toda la población y hay
que buscar nuevas formas militares para luchar contra esta nueva forma de
guerra. Por eso la cuadriculación territorial, que fue tomada aquí al pie de la
letra, o la división en zonas y sub-zonas para que el ejército controle todo el
territorio. Entonces la inteligencia se vuelve muy importante, y quien dice
inteligencia dice interrogatorio, y quien dice interrogatorio dice también
tortura. Es muy lógico. El problema es qué hacer con los torturados cuando están
muy mal: hacerlos desaparecer. Pero al mismo tiempo no es solamente una cuestión
de técnicas militares. Se trata de un modelo dictatorial de poder. Esto es
interesante porque cuando llega aquí la misión de los militares franceses, en
1959, ellos traen técnicas militares pero también una concepción ideológica,
teórica, del poder del ejército, que deriva en el terrorismo de estado.
¿Cualquiera del pueblo, un obrero, un estudiante... podría ser un terrorista?
Argentina se interesaba por la guerra revolucionaria cuando no había todavía
guerrilla ni subversión, Fidel Castro no había llegado al poder en Cuba y, si lo
comparás con Chile, el Partido Comunista no significaba nada aquí por la
historia propia del país con el peronismo. Cuando le pregunté por qué a López
Aufranc me respondió que se estaban "preparando para la tercera guerra mundial
que estaba por llegar, y estábamos convencidos de que Argentina iba a ser un
frente importante". Tenían una concepción virtual del enemigo. Balza me dijo que
esta idea fue lo peor que trajeron los franceses, más que la tortura, que ya
había sido utilizada aquí como el propio Ernesto Sábato lo denunció en 1950 en
el diario Mundo Argentino. Después, los franceses convirtieron a la tortura en
el arma principal de la guerra antisubversiva para sacar información. Balza me
dijo que fue una contaminación de toda una generación de oficiales, a la cual él
pertenecía, los que poco a poco se apartaron de la sociedad argentina, viéndola
como un peligro, y olvidándose de que ellos eran parte de la propia nación. Te
das cuenta que lo que ocurrió en el ´76 fue un proceso muy lento pero bien
calculado. Poco a poco. Cuando llega Isabel al poder, la viuda de Perón, los
decretos de aniquilamiento dan la base para que cuando llegue (Jorge Rafael)
Videla esté todo listo. Es muy distinto de Pinochet que hace un golpe de verdad
y mata a Salvador Allende, en Argentina ni siquiera fue una ruptura
institucional. Por eso fue tan feroz, porque tenían todos los medios. Una
preparación intelectual e ideológica, te imaginas lo que significa, se lanzan a
la calle y es tremendo.
Algo
de fuerte impacto en la película es, por un lado, el arrepentimiento de dos
militares norteamericanos que participaron de la guerra de Vietnam... Y en
Argentina la decisión de los oficiales de marina Urien y Acosta, que en 1972,
bajo fuertes presiones del gobierno militar de entonces, deciden pasar a la otra
orilla, con toda la valentía que eso requiere.
En los Estados Unidos la ejecución de la tortura es pública. Ahora lo sabemos
porque la prensa descubrió algo que para mí es una gran hipocresía, porque
cuando en abril 2003 yo estaba filmando para mi documental al general John Jones
y el coronel Carl Bernard, dos norteamericanos que fueron alumnos de los
franceses, la guerra llevaba ya un mes. Y ellos me dijeron que se sabía que se
torturaba en Guantánamo, que iban a utilizar de nuevo la famosa doctrina
francesa, y que se estaban estudiando los libros de Aussaresses, por ejemplo.
Cuando los encontré estaban deprimidos y completamente en contra de la guerra de
Irak. Yo que siempre tengo mis problemas con los EEUU por saber tantas cosas de
su política, quedé asombrada de encontrar dos generales diciendo que la tortura
no sirve para nada, sino todo lo contrario, que es una solución a corto plazo
que genera odio y finalmente genera más terroristas. Fue muy interesante verlos.
La presencia de Urien y Acosta se dio por una casualidad, porque yo buscaba
testigos, actores de esta historia, y me di cuenta de que dos ex oficiales de la
Armada de la misma promoción de (Alfredo) Astiz, uno de los símbolos de la
represión, habían sido capacitados con la película de Gilo Pontecorvo La batalla
de Argel, con el fin contrario para el que fue filmada, que era denunciar la
práctica de la tortura con todo detalle. Dice Acosta que la presentaron en 1967
"para prepararnos psicológicamente en estas técnicas que todavía no eran
sistemáticas como de 1976 en adelante; nos preparaban a librar una guerra
interna contra nuestros propios ciudadanos, para actuar como un ejército de
ocupación, porque lo que hizo Francia en Argelia e Indochina fue eso". Fue muy
interesante porque nunca se habla de esta gente, igual que de los dos oficiales
norteamericanos. Porque si tu piensas en los jóvenes, son ejemplos que hay que
subrayar. Esa gente dijo que no. Algunos de sus amigos murieron por eso. A Urien
casi lo mataron. Eso quiere decir que siempre es posible decir que no; como lo
dijo muy bien (Martín) Balza cuando hizo su autocrítica: si uno obedece órdenes
inmorales delinque.
Ése es el límite...
Para ellos el fin justifica los medios. Díaz Bessone, por ejemplo, escribe mucho
justificando los medios que utilizaban para conseguir sus fines. Y esta es una
concepción que sigue vigente. Si tú entras nada más que en la lógica militar, lo
que hicieron los franceses en Indochina y Argelia es muy lógico. Si no buscas
una solución política al problema de una guerra colonial es lógico que lleguen a
hacer esto. Y la lógica es implacable. No para justificarlo, pero me interesaba
saber cómo entraron en esa lógica. Los franceses como Aussaresses por ejemplo,
que no era un racista, que se la había jugado de verdad contra los nazis y
contra la tortura, pasó a ser torturador. Yo quería entender cómo fue posible
este cambio de muchos de ellos, y fue la ideología lo que los llevó a esto.
Estaban completamente convencidos de que la tercera guerra mundial iba a empezar
o ya había empezado, que los movimientos de independencia eran manipulados por
Moscú. Eran ferozmente anticomunistas. Poco a poco, como el poder político los
dejó, pensaron que la solución era militar, y así fue.
¿Cambió tu visión de Francia después de hacer el filme?
¡Si cómo no!, eso fue lo más duro para mí. Al principio no quería creerlo. Poco
a poco avanzando en la historia desde Indochina, donde descubrí la famosa teoría
de la guerra revolucionaria que fue desarrollada por algunos militares
franceses, y pasando a la guerra de Argelia, vi cómo los franceses desarrollaron
técnicas de la ahora famosa guerra antisubversiva, y me di cuenta de que eso de
verdad lo exportaron, sobre todo aquí a Argentina, donde por muchos motivos la
influencia fue muy fuerte, mucho más fuerte que en Chile o que en Brasil. Yo me
di cuenta de que Francia tenía una doble fachada. Una que permitió que llegaran
muchos argentinos y chilenos y pudieran quedarse, aunque te cuentan también que
no fue un exilio tan fácil; me acuerdo bien que cuando estaba en la sala de
edición invité a dos amigos chilenos para que vieran la película y me dieran su
opinión y una amiga mía se puso a llorar y me dijo: ¡Ahora entiendo por qué una
vez volví a mi casa y encontré que la habían revuelto toda! Habían escapado del
infierno pero por otro lado fue complicado, con mucho control. Eso tampoco lo
sabía. Creo que Francia tiene esa doble fachada que no sospechaba. De un lado es
el país de los derechos humanos, tierra de auxilio que recogió a muchos
refugiados, eso es cierto, y por otro lado, a un nivel secreto, apoyando en su
saber hacer, a las dictaduras más duras que hubo en este continente.
¿En qué medida éstas cosas siguen ocurriendo en los problemas actuales como el
de Irak, aunque Francia se haya opuesto al envío de tropas que decidió la
coalición invasora en 2003?
Es una pregunta muy difícil de responder, habría que seguir investigando. Lo que
sí es cierto es que las condiciones son las mismas de hace treinta años; existe
el desafío –como llaman los políticos al terrorismo– de Al Qaeda, y la respuesta
que se dio en Francia siempre fue una respuesta militar, porque nunca se trató
de buscar una solución política a lo que era el problema de Indochina y de
Argelia, y da igual hoy. Francia está un poco aparte porque estuvo en contra de
la guerra en Irak, pero lo que es cierto es que todos los gobiernos actuales
tratan de resolver el problema del terrorismo de Al Qaeda con una solución
militar, con todo lo que esto significa en el terreno propio y también de
control interno de las sociedades en las que estamos viviendo. Lo que estamos
viendo en Estados Unidos es terrible, para mí es un país que se está volviendo
fascista, donde no puedes moverte sin temer que te pase algo. A mí me detuvieron
durante varias horas por una tontería. Si seguimos pensando que la única
solución es la militar vamos al muro como los franceses hicieron en Argelia o
Estados Unidos en Vietnam, o aquí los militares argentinos. La única solución
posible es la política, pero eso es mucho más a largo plazo. Por eso la película
es muy actual. Cuando empecé a trabajar investigué Indochina, Argelia, me metí
de verdad en la historia del Cono Sur, pensaba que todo eso era el pasado, pero
finalmente me di cuenta de que no, porque lo que trajeron los franceses sigue
válido. La batalla de Argelia fue presentada el año pasado en el Pentágono a
oficiales que iban a la guerra de Irak, donde sigue válida la famosa doctrina
francesa ¿Por qué? Porque lo que hizo el coronel Trinquier escribiendo su libro
La guerra moderna, que aquí también fue traducido y se encuentra en la
Biblioteca de la Escuela Militar donde lo vi, fue teorizar un estatuto del
terrorista –y lo que está haciendo Bush en Guantánamo es lo mismo– diciendo: "el
terrorista por su modo de actuar, sin uniforme, poniendo bombas, matando a
civiles, no respeta las leyes de la guerra. Entonces como él no las respeta, no
hay necesidad de aplicarle las convenciones de Ginebra". Eso es fundamental,
porque es ver al terrorista como una persona aparte, que no es un combatiente, y
eso significa la tortura. El estatuto especial de Guantánamo establece que los
presos no tienen derecho alguno, ni de defensa, y ni siquiera se sabe por qué
están ahí. Finalmente los sueltan sin que se sepa porque estuvieron dos años ahí
presos. Eso es el numen de la teoría francesa y sigue válida por completo. Esto
te da miedo porque treinta años después no hemos aprendido nada, siguiendo con
las mismas técnicas y sin pensar nunca en la solución política para resolver el
problema de Al Qaeda. Pero si nunca nos ponemos a pensar en lo que está pasando
en Palestina nunca vamos a arreglar esto, seguro.
En Argentina entrevistaste a cuatro generales, los cuatro formados en la escuela
francesa y los cuatro muy prácticos en la tarea de inteligencia. No demostraron
nada de eso cuando vos los abordaste (Risas).
Una cosa increíble, porque yo estoy en Internet y cuando estuve en casa de
Bignone vi que tiene conexión. Era simplemente buscar quién era yo. Siempre me
preguntan por qué me hablaron a mí. Yo siempre cuento los mismos argumentos que
usé: que soy francesa, historiadora, que no me importaba el problema de los
derechos humanos sino la lucha concreta contra el terrorismo, las técnicas, el
papel de los franceses; y yo creo que de verdad pensaron que estaba de su lado.
Algunas de las expresiones más fuertes las obtuviste mediante cámara oculta.
Querríamos conocer tu opinión acerca del uso de este recurso.
Bueno, yo la uso con mucho cuidado porque hay que tener bien en claro por qué se
hace. En este caso no tuve ninguna duda, no me costó ningún problema de ética
profesional. Ese señor, Bignone, es el responsable junto con otros de la muerte
de mucha gente inocente, y si es la única manera de grabar lo que dicen lo hago.
En otro documental que hice sobre el tráfico de órganos también lo hice. Estamos
viviendo un mundo donde el derecho a la imagen es un negocio. No hay que
confundirse. Una cosa es una estrella de cine que protege su imagen privada y
otra un verdugo, un victimario. ¡Por favor! Un diario muy conocido aquí me dijo
que es algo que está en contra de la ética profesional. ¿Y no está mal matar a
miles de personas y que anden por la calle sin problemas?
Queremos que nos expliques cómo hiciste la cámara oculta.
Hay dos tipos de cámara oculta. Una cuando Bignone me recibe diciéndome "no
quiero ser filmado" y entro sin cámara. Oculta por completo. Y la otra es cuando
terminamos la entrevista a Díaz Bessone y seguimos grabando con la betacam, la
cámara grande que estaba situada frente a un espejo donde se le veía reflejado.
Eso fue muy importante porque cambió por completo, se relajó y apareció como es.
Con Harguindeguy hicimos la misma cosa y continuó igual, no cambió de personaje.
Pero Díaz Bessone sí; esta ruptura del personaje que había dado frente a la
cámara y después fue algo notable.
Estamos en un sistema que puede justificar la tortura y no el uso de la cámara
oculta con los torturadores. ¿Sería ésa la síntesis?
Exactamente. Esto también es una gran duplicidad mental y también una manera de
no querer ver la realidad. Finalmente como fue el caso de Francia cuando el
general Aussarenses empezó a hablar y escribió su libro sobre lo que había hecho
en Argelia, eso molestó mucho al poder, a los políticos, al ejército mismo, que
había guardado todo en silencio. Y yo como periodista no voy a ser cómplice de
ese silencio, no, no, no, porque yo pienso que ese silencio y la negación de los
casos de crímenes importantes es como una gangrena que debilita a la democracia.
No solamente aquí sino en Francia también; tuvimos un silencio de cuarenta años
sobre lo que pasó en Argelia y ahora lo estamos descubriendo. A mi papá por
ejemplo, que ahora tiene sesenta y siete años y tenía veinticuatro cuando tuvo
que cumplir su servicio militar, lo mandaron un año y medio a Argelia.
Cuatrocientos mil jóvenes hicieron su servicio militar allí, al mismísimo
infierno. Ellos no hablaron porque todo el mundo quedó mudo, hubo amnistía
general en 1962 y la consigna era no hablar. Y mi papá nunca habló. Empezó a
hablar hace poco, como otros de su generación. Lo que pasa es que esos hombres
tienen 67, 70 años, sus hijos se fueron de la casa y empiezan a tener problemas
de sueño...
¿Ni siquiera familiarmente lo hablaron...?
No, no, no, empiezan a ir al psicólogo, te das cuenta en qué medio viven. Hay
muchos de ellos que fueron violentos con su mujer, con sus niños. Por eso te
digo que la gangrena está. Si todos hablan ampliamente, Aussarres habla en
Francia y estos señores de aquí hablan por todo un trabajo sobre lo que pasó,
personal o colectivo, y por eso si la única manera es hacerlo con una cámara
oculta, bueno, se hace. En estos casos de violaciones a los derechos humanos es
terrible el silencio, a nivel global, colectivo y a nivel personal.
El silencio construye imágenes. Es muy impactante en el filme la referencia a
John Kennedy, cuya figura en Latinoamérica tenía dimensiones míticas. Su
asesinato, siendo nosotros muy jóvenes, nos hizo llorar como si se hubiera
apagado un faro de la humanidad
Él estuvo en Argelia cuando era senador, leyó las revistas militares francesas;
no hay que olvidar que él hizo la invasión militar a Cuba en Playa Girón. Hasta
Kennedy la Escuela de las Américas de Panamá no tenía la función de enseñar la
lucha antisubversiva. Él pidió a Francia el envío de expertos. Porque era muy
anticomunista. Él, y no otro, fue quien pidió que un tipo como Aussarres llegara
a Fort Bragg, a las fuerzas especiales de ejército americano. Yo también
descubrí esto. Fue él.
¿Qué fue lo que más te impactó haciendo la película?
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Las palabras de los verdugos |
La colaboración política de Francia con las dictaduras, como lo dice Harguindeguy que era ministro del interior. Michel Poniatowsky era ministro del interior (del gabinete de Valery Giscard D Estaing) y era un hombre de la OAS. Harguindeguy me comentó que Poniatowsky vino acá con una cita para intercambiar información sobre los subversivos y yo lo verifiqué; vino en 1978, y conseguí los artículos de La Nación de aquella época, un diario que apoyó aquí a las dictaduras, donde él dice que está de todo corazón con los militares, que el enemigo común es el terrorismo. Después cuando estuve en Chile con el general Manuel Contreras (Jefe de los Servicios Secretos) tuve otra confirmación. Él me dice que la DINA colaboraba con 37 servicios de inteligencia del mundo, que con Francia se colaboró mucho con la DST Dirección de Seguridad de Territorio, y que cuando ocurrió la Operación Retorno de los chilenos que volvían a Chile para seguir con la resistencia armada contra la dictadura, la DST les avisaba cada vez que uno de ellos subía al avión. Cuando hice mi libro traté de verificar esto, porque Contreras es muy conocido por ser un mentiroso, y entonces hay que tener cuidado. Hablé con dos miembros de la DST, uno era el número dos de aquella época, y me dijo "si, puede ser. No fui yo personalmente pero puede ser. Recibíamos cada dos o tres meses los attaché militares de las embajadas; el encargado de aquella época no era cualquiera, era el general Ituriaga, que era la mano derecha de Contreras, encargado de las operaciones militares de la DINA en el marco de la Operación Cóndor; él fue nombrado attaché militar en París. Del mismo modo que llegaron los peores de la ESMA a Paris para hacer el Centro Piloto. Entonces me dice "si un chileno viene y nos pide un servicio como la lista de los chilenos que suben al avión rumbo a Chile cada semana es algo muy fácil de hacer: basta con llamar a la Policía Aeronáutica para que nos provean la lista". Cuando le pregunté por qué se hizo me contestó que eran servicios amigos. Además vendíamos armas a Chile. Aussarres termina como attaché militar en Brasil y pasa a la empresa de venta de armas de Francia y sigue trabajando allí con su amigo el coronel Legain, del que también hablo en la película, que hizo un discurso donde dice lo bien que piensa de las dictaduras. Es él quien vende los Exocet de la guerra de Malvinas. Y Aussarres me dijo que la empresa nacional francesa siguió vendiéndole armas a Chile después del embargo internacional. Estaban en la misma concepción ideológica del mundo, no les molestaba hacerlo. Estoy muy contenta de que la película se dé aquí de manera completa, no solamente los pedazos de los militares argentinos; no es para defenderlos, no les quita la culpa a ellos, pero hay que entender que todo eso fue una responsabilidad colectiva, en donde cada uno tiene su parte. Por eso en esta película por primera vez no hay ninguna víctima, yo quería nada más que las palabras de los actores para desmenuzar su mecánica.
Es impactante el testimonio de
los militares, que siempre muestran un dejo de orgullo por lo que hicieron en
esta historia.
Harguindeguy y Díaz Bessone lo dicen muy bien. Eso se verá cuando salga aquí la
versión en DVD, que tiene media hora más de duración. Harguindeguy dice que no
tiene ningún arrepentimiento: "cometimos errores pero si no hubiera sido así
habríamos sido Dios. Argentina habría terminado como una nueva Cuba". Díaz
Bessone dice en la parte oficial de la entrevista que "en todas las guerras hay
daños colaterales; en la guerra clásica son los civiles que mueren bajo las
bombas, y en la guerra antisubversiva son los desaparecidos. Mientras se
verifica si un sospechoso tiene o no que ver con la subversión, este puede morir
siendo inocente, pero si se comparan los daños colaterales de la guerra clásica
con la guerra antisubversiva, en esta última hay menos inocentes muertos.
¿Cuánta gente murió, y qué? Nosotros no matamos a tanta gente". ¡Así lo dice,
así!
Fuente: www.revistalote.com.ar