PROYECTO PARA IMPEDIR QUE DICTEN CLASES PERSONAJES LIGADOS AL PROCESO
Aulas sin mácula dictatorial

La senadora del Frente para la Victoria Blanca Osuna presentó un proyecto de ley
para impedir el acceso a la docencia y/o a la conducción universitaria de
quienes actuaron durante la última dictadura. El requisito se extiende a las
privadas.
Por Julián Bruschtein
Se presentó en el Senado un proyecto de ley para impedir el acceso a la carrera
docente en el nivel superior a personas que “hayan sido condenadas por delitos
de lesa humanidad” o que tengan proceso judicial abierto. Tampoco podrán dictar
clases quienes hayan ejercido cargos académicos relevantes durante la última
dictadura. Se propone además que en ninguno de los casos puedan integrar órganos
de gobierno y en las universidades privadas se tomará como “antecedente negativo
excluyente” para lograr la autorización provisoria o permanente.
“La memoria nos demanda un ejercicio permanente para apuntalarla y este proyecto
está ligado al mejoramiento en la calidad de las instituciones de Educación
Superior”, aseguró a Página/12 la senadora del Frente para la Victoria Blanca
Osuna, autora del proyecto. La iniciativa busca limitar el ingreso a la carrera
docente “a quienes hayan sido condenados por delitos de lesa humanidad o
violaciones a los derechos humanos, en cualquier grado y participación,
instigación y/o encubrimiento u ocultamiento” de los hechos cometidos “entre el
24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983”. Aquellas personas que “tengan
un proceso judicial abierto, cuando existan pruebas fundadas suficientes de
participación en tales delitos en cualquier etapa del proceso judicial” tampoco
podrán ingresar a dar clases en las aulas universitarias. Pero además se plantea
que quienes hayan desempeñado cargos de gobierno como “rector, vicerrector, o
secretarios de universidad nacional y/o provincial, decano y vicedecanos”
también tendrán impedido el acceso. Todos tendrán vetados los cargos de gobierno
en las casas de estudios.
El texto de la propuesta fue armado “con las respectivas consultas a distintos
actores de la Educación Superior y legisladores. Y resalta el papel
paradigmático, ejemplificador y modelador que cumplen los docentes” en las casas
de estudios. Osuna destacó que la iniciativa se encuadra en la política que se
llevó adelante desde el Estado a partir de 2003, que “revirtió el proceso de
institucionalización de la impunidad y los fallos que declararon la
inconstitucionalidad de los decretos de indulto a los genocidas”. El punto
planteado por Osuna es objeto de preocupación por parte de los legisladores, ya
que en la Cámara baja la diputada del Movimiento Libres del Sur Victoria Donda,
nieta recuperada por las Abuelas, también tiene un proyecto vinculado con la
problemática, aunque enfocado hacia una nueva ley de educación superior que
regule todo el sistema, al igual que el proyecto presentado por Adriana Puiggrós,
del FpV.
Osuna resaltó que la necesidad de este proyecto surgía “porque nunca hubo una
clara decisión política sobre este tema. No hay un control sobre este tipo de
situaciones en las universidades”. Uno de los ejemplos más claros, si bien fue
en una universidad privada, sucedió en la Universidad de Concepción del Uruguay.
Allí, en la Asociación La Fraternidad, revistaba en 2007 el coronel Benito
Palomo, a cargo de la tesorería de la entidad. La UCU decidió realizar un
homenaje al periodista asesinado por la dictadura Rodolfo Walsh y Palomo intentó
boicotearlo con el argumento de que se estaba “homenajeando a un terrorista”. Al
trascender su pasado, el militar fue reconocido como represor con legajo 4636 de
la Conadep que había participado junto a Antonio Domingo Bussi en Tucumán
durante la dictadura, lo que determinó su salida de la institución.
Por ello, para las universidades privadas también plantea imponer la
restricción. El artículo 3 del proyecto dispone que “la Comisión Nacional de
Evaluación y Acreditación Universitaria y el Ministerio de Educación” tengan en
cuenta y valoren “como antecedente negativo excluyente si el plantel docente o
administrativo” de las casas de estudios “cuenta entre sus miembros con
personas” que hayan participado activamente como académicos o en cargos
políticos de la dictadura militar.
Fuente: Página 12
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