La voz de los que no tienen voz
Por Alejandro Rofman *
La estructura económico-social del conjunto de los productores agrarios del país
está fuertemente fragmentada. A quienes hemos estado escuchando con voz
estentórea estos últimos meses los podemos ubicar en un segmento privilegiado,
aunque minoritario. Este se reconoce a poco que se adviertan signos concretos de
su gran capacidad para captar renta y beneficios de la actividad. También cuando
se identifiquen los precios que el valor de la tierra pampeana tiene desde
principios de este siglo. Y, además, se los define por los costos de los
arrendamientos que usualmente se abonan al propietario de las tierras que las
cede para su explotación a terceros, ya sean otros productores medianos o
grandes, grupos financieros externos al agro o grandes conglomerados económicos
con base en la misma actividad.
Un reciente trabajo de dos destacadas profesoras de la Universidad Nacional de
Rosario indica que si se analiza la cuenta de productores sojeros de reducido
tamaño (120 hectáreas) de la zona sur de Santa Fe, luego de la implantación del
nuevo sistema de retenciones móviles para la soja y el girasol, se explica que
“en un año con buenas condiciones climáticas que proporcione un rendimiento de
40 quintales por hectárea, con un precio de 87,50 pesos por quintal le brindaría
a un productor de 120 hectáreas un ingreso neto de 245.991 pesos/campaña, con el
cual podría vivir bien una familia tipo”. Las mismas autoras consignan que dado
que el costo total por hectárea va disminuyendo a medida que se amplía la
dimensión del predio donde se cultiva soja, la rentabilidad aumentaría por
unidad de superficie a por lo menos el doble (Ana Quagliani y Susana Zuliani, El
efecto retención en el sur de Santa Fe, La Capital, Rosario, 18 de mayo de 2008,
Sección Economía, página 2).
¿Qué le sucede al otro gran segmento de productores, que no ha logrado
beneficios para capitalizarse desde la convertibilidad y su nivel tecnológico y
de equipamiento le impide alcanzar la eficiencia operativa del que está
integrado al espacio arriba descripto? Sencillamente, su porvenir está
comprometido, pues la brecha económica y social con el segmento más afortunado
se amplía con el tiempo. Este proceso ocurre con la pequeña producción que
apenas recibe ingresos para la subsistencia familiar o, incluso, requiere de
trabajos extraprediales de los integrantes de la familiar residente en la finca
para alcanzar los recursos monetarios indispensables para la subsistencia.
Son los productores familiares que residen en forma permanente en la finca de la
cual son propietarios o revistan, simplemente, como ocupantes con o sin
contrato, de elevada presencia en las regiones extrapampeanas. Una estimación
reciente calcula que suman más del 50 por ciento del total de productores
agropecuarios del país. La tarea que despliegan no apunta a obtener rentas de la
tierra o ganancias empresariales sino a maximizar su ingreso para la
subsistencia familiar o, eventualmente, para capitalizarse. Es decir, aspiran a
alcanzar el valor más elevado posible de recursos monetarios por la
comercialización de los excedentes de su proceso productivo y encaran la
sustitución por producción propia de consumos de frutas, hortalizas, legumbres,
derivados de la leche y carne aviar, porcina o vacuna que deberían hacer en el
mercado.
Estos productores familiares y/o campesinos organizan su actividad productiva en
predios de reducida dimensión, utilizando exclusivamente fuerza de trabajo
generada en el seno de la familia y empleando tecnología tradicional
ambientalmente sustentable y, en muchos casos, heredada de sus ancestros. Los
más de 200.000 productores familiares son los casi únicos productores de frutas,
hortalizas, legumbres, caña de azúcar (en Tucumán), tabaco, yerba mate, etc. En
algunas actividades coexisten tales productores familiares con grandes
establecimientos, con el resultado de que abarcan mucha más fuerza de trabajo
pero menor nivel de producción física. Es el caso del algodón.
Sus carencias abarcan desde la generalizada imposibilidad de acumular para
modificar su esquema productivo hasta las notorias dificultades en acceder a
bienes públicos (vivienda, educación, salud, transporte, agua potable, cloacas).
Son quienes en su realidad cotidiana actúan subordinados al gran capital
concentrado que, sobre todo en el proceso comercializador, los castiga con
precios más bajos que los del mercado y condiciones leoninas para percibir tales
ingresos. Agrupan a quienes aún poseen, en importante proporción, problemas de
legalización de títulos de acceso a la propiedad de sus predios y no disponen de
acceso al crédito formal, por su muy difundida informalidad y falta de
adecuación a las normas que impone el sistema bancario. Representan, por último,
el sector de productores en donde se han multiplicado los desalojos forzados e
ilegales, las expulsiones de predios que cultivan desde tiempos ancestrales, el
efecto perverso sobre el medio ambiente que provocan los desmontes en el norte
para instalar producciones sojeras, el ataque de policías bravas o jueces
corruptos para desalojarlos de sus fincas.
Conscientes de esas serias dificultades, desde hace pocos meses, los más
decididos de tal mayoritaria franja de pequeños productores nacionales, en
representación de las numerosas organizaciones que en defensa de sus intereses
los congregan se propusieron encontrar un ámbito común para reforzar su
capacidad negociadora frente al poder económico y político concentrado. Así, en
abril se autoconvocaron en las Primeras Jornadas Nacionales tendientes a
constituir el Frente Nacional Campesino. En una segunda oportunidad, el pasado
23 de mayo, en la sede de la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo,
reunieron a una cantidad creciente de organizaciones de base. Fueron más de 200
agrupaciones de productores familias y campesinos venidos de todos los puntos
del país, en representación de decenas de miles de agricultores y ganaderos que
viven y trabajan en sus propios predios, los que sesionaron todo el día en pos
de consolidar dicho Frente. Los más de 250 delegados, donde predominaban
criollas y criollos jóvenes y representantes de pueblos originarios, decidieron
aprobar una serie de postulados básicos del Frente Nacional Campesino que
votaron luego de una encendida discusión y, además, convocar al congreso
nacional de todas las organizaciones a fines de dejar constituido, el próximo
día 8 de septiembre, en la ciudad de Buenos Aires, el citado Frente. Ese día,
además, van a organizar una gran Marcha Campesina desde los cuatro puntos
cardinales del país para converger sobre Buenos Aires.
* Economista, especialista en Economías Regionales, Grupo Plan Fénix FCE-UBA.
Fuente: Página 12