Internacional
Una epidemia con remedio incluido
La peste porcina encubre un fabuloso negocio cuyo principal beneficiario es
Donald RuMsfeld. Este halcón de la era Bush –que siempre agitó el fantasma del
bioterrorismo– se embolsa un 10 por ciento de cada caja de Tamiflu que hoy se
vende en el mundo.

Donald Runsfeld, ex titular del Pentágono, embolsa un diez por ciento de cada
envase de Tamiflu que se vende en el mundo.
por Walter Goobar
wgoobar@miradasalsur.com
Detrás del fármaco que por estos días se presenta al mundo como una cura
milagrosa contra la virtual pandemia de fiebre porcina se esconde una oscura
trama de manipulaciones, negociados, tráfico de influencias –y trafico de
influenza–, que tienen como protagonista central a uno de los personajes más
siniestros de la política norteamericana: el ex secretario de Defensa Donald
Rumsfeld. Este halcón de la era Bush –que siempre agitó el fantasma del
bioterrorismo– se embolsa un 10 por ciento de cada caja de Tamiflu que hoy se
vende en el mundo.
En 2005 se lanzó a rodar la teoría de una inminente epidemia de gripe aviar a
partir de un virus que había sido detectado nueve años antes en Vietnam. Aquel
virus sólo se había cobrado una media de once fallecimientos al año en todo el
mundo porque la gripe aviar nunca se transmitió de humano a humano. Pero aquella
falsa peste, permitió presentar al mundo una poderosa “arma preventiva”, un
antiviral llamado Tamiflu.
En realidad, la psicosis de gripe avier fue inventada para justificar el Tamiflu,
un antiviral que era propiedad de Gilead Sciences Inc., una empresa que
pertenecía al ultraconservador Donald Rumsfeld, quien desde 2001 era jefe del
Pentágono. La empresa de Rumsfeld vendió en 1996 la patente del antiviral a los
laboratorios Roche de origen suizo.
Pese a que su eficacia estaba en duda, gracias a la gripe aviar y al sigiloso
lobby ejecido por Donald Rumsfeld desde el Pentágono, el Tamiflu se convirtió en
la gallina de los huevos de oro. Los ingresos por las ventas del antiviral
pasaron de 254 millones de dólares en el 2004 a más de 1.000 millones en el
2005.
En esa época, la empresa de Rumsfeld pretendió recuperar la licencia alegando
que Roche no hacía esfuerzos suficientes por fabricar y comercializar el
antiviral. Las presiones del jefe del Pentágono dieron resultado y ambas
empresas acordaron constituir dos comités conjuntos para coordinar la
comercialización y las licencias. Además, Roche pagó a Gilead Sciences Inc
regalías retroactivas por valor de 62,5 millones de dólares más otros 18,2
millones extra por ventas superiores a las contabilizadas entre 2001 y 2003.
Un mes después de aquel acuerdo, la revista Fortune dedicó una nota al célebre
accionista de Gilead. Fortune estimó que el valor de las acciones de Rumsfeld
podían alcanzar los 25 millones de dólares y que la demanda internacional de
Tamiflu en 2005 había engrosado los bolsillos del secretario de Defensa en un
millón de dólares.
La revista calculó las ventas de Tamiflu alrededor del mundo en mil millones de
dólares ese año, incluido un pedido de 58 millones de dólares por parte del
Pentágono, cuyo titular era entonces Rumsfeld, señala Pascal Beltrán del Río,
director del diario mexicano Excelsior.
Rumsfeld afirma que no tuvo nada que ver en la decisión de la administración
Bush de apoyar y aconsejar el uso del Tamiflu a nivel mundial, pero su nombre
también aparece unido a una vacunación masiva contra una supuesta gripe del
cerdo durante la Administración de Gerald Ford en la década de los 70 –que dio
como resultado más de 50 muertos a causa de los efectos secundarios–.
El máximo propagandista de las falsas armas químicas y biológicas de Saddam
Hussein, también niega haber tenido que ver con la compra por parte del
Pentágono, del Vistide otro fármaco de su laboratorio que fue adquirido después
de los atentados a las Torres Gemelas para evitar los efectos secundarios que
podía producir la vacuna de la viruela entre los soldados norteamericanos a los
que se les aplicó masivamente antes de enviarlos a Irak.
Cuando el gobierno británico anunció la compra de 14,6 millones de dosis de
Tamiflu, la prestigiosa revista científica The Lancet puso en duda la
efectividad del antiviral en casos de epidemia y apuntó que su uso
indiscriminado podría desalentar prácticas más útiles, como la higiene y el
aislamiento.
El jefe de la investigación, Tom Jefferson, indicó que hasta ese momento ni el
Tamiflu ni el Relenza habían reducido la mortalidad entre los pocos enfermos de
gripe aviar a los que se les había suministrado. En diciembre de 2005, cuatro de
los ocho enfermos de gripe aviar que fueron tratados con Tamiflu en el hospital
Ho Chi Min de Vietnam fallecieron. En Japón, que es uno de los principales
compradores del antiviral, el consumo del medicamento en menores de edad ha sido
asociado con conductas anormales y hasta suicidios, según publicó en 2007 el
diario británico The Guardian.
Una investigación de la ONG canadiense Globalresearch, aventura que el virus de
la gripe porcina, habría sido fabricada en laboratorios militares de Estados
Unidos. Una de las evidencias que abona esta hipótesis es que en 2005 un
patólogo de la Fuerza Armada de los EEUU que estaba bajo las ordenes de
Rumsfeld, reconstruyó la secuencia genética del mortífero virus de la infuenza
española que en 1918 mató a 50 millones de personas, según publicó la revista
científica Nature. ¿Para que lo hicieron? Si la gripe es –o era– porcina, ¿cómo
se explica que no haya un solo cerdo infectado. Por último, ¿no es extraño que
esta nueva pseudoepidemia coincida con la fecha de vencimiento del Tamiflu
stockkeado en todo el mundo desde 2005?
Todos los interrogantes que suscita la actual epidemia con epicentro en México
forman parte de un complejo entramado que comienzan y terminan en el índice
Nasdaq: por lo pronto, las acciones de Gilead subieron 3 por ciento, las de
Roche 4 y las de su competidor Glaxo 6 por ciento. La carrera por la vacuna
terminó antes de empezar.
Fuente: Miradas al Sur
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