UN FISCAL PIDIÓ CONVERTIR LA INVESTIGACIÓN SOBRE LA TRIPLE A EN UNA MEGACAUSA
El terror antes del terror
El expediente abarca actualmente doce crímenes pero podría
extenderse a 628, más 40 historias de amenazas de muerte.
Por Irina Hauser
El fiscal federal Eduardo Taiano pidió ampliar los alcances de la investigación
judicial sobre la Triple A, a casi 700 casos de secuestros, asesinatos,
desapariciones, amenazas y atentados cometidos por esa organización terrorista
entre 1973 y 1976, en pleno gobierno constitucional. Si el juez Norberto
Oyarbide acepta el planteo, el viejo expediente que abarcaba sólo 12 crímenes
pasaría a convertirse en una megacausa y podría tener un nuevo impulso después
de varios meses de parálisis. El extenso documento de la fiscalía propone una
lista de 80 medidas de prueba que, además de requerir datos puntuales e
infinidad de declaraciones testimoniales, sugiere convocar a la Universidad de
Buenos Aires para realizar una pormenorizada reconstrucción histórica de los
hechos y hacer una “convocatoria a la población” a través de los medios para que
aporte información.
Hace tres años circulaban fuertes rumores de que algunos hombres de la Triple A
llevaban, reciclados, una vida de lo más apacible aquí y en algún otro lugar del
mundo. A fines de 2005 el fiscal Taiano pidió la reapertura del expediente,
originado en 1975, sobre los crímenes de la banda paraestatal que operó durante
el gobierno de Isabel Perón con el argumento de que involucraba delitos de lesa
humanidad, que no prescriben. Oyarbide tardó un año en darle la razón. Lo hizo
cuando una investigación del diario El Mundo de España descubrió que el ex
subcomisario Rodolfo Almirón, uno de los jefes operativos de la organización,
vivía en un pueblito de Valencia.
El juez encontró, entre el papelerío, que había un pedido de captura contra
Almirón pendiente desde 1984. En poco tiempo ocurrió lo impensable: Almirón fue
detenido en España y luego extraditado (ver aparte); el efecto se trasladó a sus
antiguos compañeros de andanzas vinculados a la custodia de José López Rega y de
Isabelita. Su ex suegro, el comisario Juan Ramón Morales fue visto tomando aire
en su balcón en Palermo y fue apresado. Otro policía, Miguel Angel Rovira acabó
entregándose. Estaban acusados de una decena de asesinatos, que habían dado
lugar a la primera causa judicial, entre ellos el del diputado Rodolfo Ortega
Peña y el del ex subjefe de la policía bonaerense, Julio Troxler. Su Señoría
imputó a la propia viuda de Juan Domingo Perón, aunque España no quiso
extraditarla. Y permanece prófugo Felipe Romeo, ex director de El Caudillo,
órgano de difusión de la Triple A.
El envión que recuperó el tema, hizo que múltiples organismos de derechos
humanos, gremios, partidos políticos y personas sueltas se presentaran ante la
Justicia con datos sobre crímenes de la AAA (Alianza Anticomunista Argentina),
atentados a locales partidarios y pedidos de esclarecimiento puntuales. Pero la
investigación propiamente dicha tuvo pocos movimientos, pese a que la Cámara
Federal confirmó en marzo último que los asesinatos, privaciones de la libertad
y otras aberraciones de la organización que lideraba López Rega son delitos de
lesa humanidad, cometidos desde el aparato del Estado, que no prescriben y es
obligación para el país reconstruirlos e identificar a los responsables de
acuerdo al derecho internacional.
Taiano elevó su nuevo dictamen a Oyarbide el 30 de diciembre. Allí recoge la
mayoría de los casos planteados a lo largo de los últimos dos años y que, junto
con denuncias que ya habían sido presentadas a partir de mediados de los
setenta, suman 628 crímenes más 40 historias de amenazas de muerte. Según el
fiscal, por ahora el juzgado debería mantener un criterio amplio e incluirlos a
todos. Son crímenes ocurridos en Capital Federal, provincia de Buenos Aires
(conurbano bonaerense, Mar del Plata, Bahía Blanca, La Plata), Santiago del
Estero, Córdoba, Entre Ríos, Mendoza, Santa Fe, Salta, San Luis, Tucumán y
Jujuy. A través de libros, otros expedientes judiciales, diarios de la época y
testimonios, en la fiscalía reunieron datos sobre lo ocurrido a unas 300
víctimas.
Cientos de historias
La lista actualizada, a la que accedió Página/12, que Taiano intenta incorporar,
abarca algunos hechos conocidos, como el asesinato del cura Carlos Mugica,
ocurrido en la puerta de la capilla de San Francisco Solano, cuando acababa de
dar misa el 11 de mayo de 1974, y en el que algunos testimonios señalan la
posible participación de Almirón. Aparecen, a su vez, los dos atentados sufridos
por el dirigente radical Hipólito Solari Yrigoyen, el primero de los cuales
destrozó sus pies con una bomba colocada en su automóvil. Aquel ataque, el 21 de
noviembre de 1973, fue asumido por la Triple A y es considerado en la causa
penal como punto de inicio de sus acciones. También se detallan los homicidios
del ex vicegobernador de Córdoba Atilio López y su amigo y subsecretario de
hacienda Juan José Varas. Hay referencias a decenas de muertes de dirigentes y
militantes sindicales, universitarios y de partidos de izquierda.
El documento avanza sobre la coordinación represiva que existía años antes del
golpe de 1976 con países como Uruguay y Chile. Por eso destaca el testimonio que
dio en agosto de 2007 el uruguayo Antonio Viana Acosta, un dirigente tupamaro
que relató que fue detenido en Buenos Aires en febrero de 1974 por un comando
conjunto de militares, policías uruguayos y argentinos. Fue llevado a
Coordinación Federal y pasó por las cárceles de Devoto y Caseros. En sus
interrogatorios –donde se lo sometió a torturas– participaron, dijo, la Policía
Federal y miembros de OCOA (Organismo de Coordinación de Operaciones
Antisubversivas) Uruguay. Terminó trasladado al país vecino, donde pasó casi
ocho años más detenido. Su relato evidencia el sustento estatal que tuvo la
Triple A. En sentido similar es mencionado por Taiano el asesinato en Buenos
Aires del general chileno Carlos Prats y su esposa.
Las amenazas de muerte de la Alianza Anticomunista citadas en el dictamen
estuvieron dirigidas a personalidades del ámbito de la cultura. Taiano sugiere
que sean citados como testigos. Menciona a Luis Brandoni, Nacha Guevara,
Mercedes Sosa, Norman Briski, Horacio Guarany, Alfredo Alcón, Roberto Cossa,
Federico Luppi, Inda Ledesma, Víctor Laplace, Luisina Brando, Tomás Eloy
Martínez, Marilina Ross, entre otros.
El texto de Taiano recuerda que a partir de 1973 “se consolidó un brutal y
sistemático aparato represivo que con el accionar de la Triple A buscó aplastar
los conflictos sociales” y “desactivar las redes de solidaridad”. En él
confluían, describe, “actores provenientes de la dirigencia gremial,
agrupaciones de derecha y de grupos pertenecientes a distintas fuerzas de
seguridad”. “Esta organización, digitada desde el Ministerio de Bienestar Social
–a cargo de López Rega– fue uno de los mecanismos represivos empleados para
disciplinar a la sociedad. A esos fines, no se dudó en arremeter contra todas
aquellas expresiones democráticas que manifestaran su disconformidad procedentes
de cualquier sector”, entre los que cita “representantes villeros, de la
cultura, las artes, periodistas, peronistas, comunistas, radicales”. La
organización terrorista, repasa, difundía “sus amenazas, lo cual instalaba el
terror y provocaba el aislamiento de sus víctimas”. Su “marca registrada”,
agrega, consistía en “exhibir los cuerpos torturados, destrozados” luego de
matar. Por ahora, en una resolución aparte, Taiano recomendó devolver a Mar del
Plata las actuaciones sobre los crímenes adjudicados a la Concentración
Nacionalista Universitaria (CNU). Si bien integraba la Triple A –señaló– no
surge por lo pronto que tuviera un lazo de dependencia directa ni siguiera sus
órdenes. También dejó afuera los hechos comprendidos en la llamada Masacre de
Ezeiza, la matanza desatada el 20 de junio de 1973 en la marcha para recibir a
Juan Domingo Perón, donde comenzó a visualizarse la alianza entre la derecha
peronista y la no peronista que consolidaría y extendería su poder a partir de
entonces.
Horizonte complejo
López Rega murió en la cárcel en 1989, donde estaba preso por los crímenes de la
Triple A, pero no llegó a recibir condena. La calificación de aquellos
homicidios como delitos de lesa humanidad abrió una oportunidad histórica para
desentrañarlos y juzgarlos. El dictamen de Taiano apuntaría en ese sentido, con
toda la complejidad que a la vez implica el desarrollo de una megacausa sobre
hechos tan antiguos. Como medidas de prueba novedosas –las primeras importantes
en el expediente– propuso recopilar todos los expedientes judiciales dispersos
sobre estos crímenes, los registros de ingreso a la Superintendencia de la
Federal (ex Coordinación) y a las cárceles de Devoto y Caseros, los de entrada
al país de cerca de una decena de militares uruguayos, pidió los legajos de la
policía de los imputados, la nómina de todos los empleados de Bienestar Social.
También planteó la necesidad de un estudio histórico detallado que sea encargado
a la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Precisar qué agrupaciones de
derecha y miembros de fuerzas de seguridad conformaron la Triple A podría llevar
a ampliar la lista de imputados. Por ejemplo, uno de los testigos de la causa,
Carlos Petroni, viene apuntando con insistencia al líder de la CGT Hugo Moyano.
Si el juez Oyarbide avala el dictamen, también habría una convocatoria abierta
para que aporte información todo aquel que la tenga.
Fuente: Página 12