FUERON SOBRESEIDOS REPRESORES ACUSADOS DE HOMICIDIOS Y TORTURAS EN LA UNIDAD 9
DE LA PLATA
Cuarenta casos cerca de la impunidad
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El fiscal “dio por sentado que no tendrá éxito en un posible intento de colectar nuevos testimonios”. |
El juez federal Manuel Blanco sobreseyó a nueve agentes penitenciarios imputados
por crímenes durante la dictadura, entre cuyas víctimas están Taiana y Urien. La
Asociación de Ex Detenidos-Desaparecidos apeló y denunció que ni siquiera se
pidió el testimonio de los sobrevivientes.
Por Adriana Meyer
La causa por los homicidios, torturas y privación ilegítima de la libertad
cometidos por una docena de agentes penitenciarios en la Unidad 9 de La Plata
durante la dictadura estaba a punto de ir a juicio oral. Pero los centenares de
víctimas –la mayoría de ellas sobrevivientes– tendrán que esperar porque
encontraron una alarmante sorpresa: nueve de los imputados fueron sobreseídos
por el juez federal Manuel Blanco respecto de varios casos, entre ellos los de
los ex presos políticos Jorge Taiana, Julio César Urien y Pablo Díaz.
La sobreviviente y querellante Nilda Eloy, de la Asociación de Ex
Detenidos-Desaparecidos (AEDD), apeló esta decisión ante la Cámara Federal
platense porque “cada día, aun a treinta años de los hechos, surge un nuevo
testimonio que permite reconstruir una historia o confirmar el paso de un
compañero por algún centro clandestino de detención, del cual sólo se sabía su
desaparición” y, sin embargo, el “acusador público (fiscal) asumió su
inactividad y dio por sentado que no tendrá éxito en un posible intento de
colectar nuevos testimonios”. Los acusados irán de todos modos al banquillo
pero, de no prosperar esta apelación, unos cuarenta casos quedarán impunes en
forma definitiva.
Cuando el juzgado de Blanco decidió que ya era hora de elevar a juicio oral la
investigación de lo ocurrido en la tenebrosa Unidad 9, esa querella se opuso
porque consideró que los agentes penitenciarios, que ya estaban procesados,
debían ser acusados por otros 254 casos, de los cuales 173 eran sobrevivientes
que, en su mayoría, no habían sido convocados y podían aportar su “contundente
voz”. La paradoja consiste en que el caso de la Unidad 9 es uno de los que
cuenta con más sobrevivientes, a diferencia de otros centros clandestinos, que
podían haber sido llamados como testigos. Y sin embargo esto no ocurrió, según
la apelación de Eloy, dado que el magistrado se limitó a incorporar testimonios
de otras causas como el Juicio por la Verdad de La Plata.
El fiscal Sergio Franco determinó el 28 de octubre que “no existiendo nuevas
pruebas a producir”, correspondía dictar el sobreseimiento de los imputados
respecto de esos casos. Los camaristas de la sala II habían determinado que
respecto de esas víctimas había que dictar la falta de mérito, pero no como un
paso previo hacia el sobreseimiento, sino indicándole al juez que debía producir
pruebas para sostener la acusación por esos casos. “En modo alguno (la Cámara)
descartó de plano ninguna imputación y, lejos de eso, instó al tribunal de
instrucción a proceder en la investigación y requerimiento respecto de médicos,
civiles, funcionarios de la Justicia e incluso agravó las condiciones en que
fuera calificado el hecho o el grado de autoría o participación”, dijo Eloy en
su apelación. De hecho, la Cámara decidió en septiembre de 2007 que sean
investigados el fiscal Antonio Raimundi y los jueces Pedro Luis Soria (hijo) y
Héctor Decastelli por su actuación en la causa iniciada por la muerte de Marcos
Ibáñez Gatica, que estuvo detenido en la Unidad 9. Y también ordenó investigar
al ex gobernador de facto Ibérico Saint Jean, a Carlos Sánchez Toranzo y a los
genocidas Leopoldo Galtieri y Albano Harguindeguy.
En los juicios por violaciones a los derechos humanos cometidas durante la
dictadura es habitual que las Cámaras verifiquen la falta de pruebas y ordenen a
los jueces producirlas. En la práctica, esos expedientes llegan a juicio sin los
casos cuestionados por insuficiente evidencia, que quedan pendientes. Lo
insólito, según marcaron desde la AEDD, es que en este caso el fiscal y el juez
hayan coincidido en “la clausura total y definitiva de toda posibilidad de
persecución penal” para esos casos.
Abel Dupuy, que era el jefe de esa cárcel, está procesado por siete privaciones
ilegales de la libertad, 142 torturas y siete homicidios y fue sobreseído por 26
víctimas: Horacio García, Hugo Ruiz Díaz, Julio Machado, Carmelo Cipollone,
Horacio Micucci, Eduardo Zavala, Ernesto Muller, Jorge Podolsky, Gabriel Marotta,
Dardo Cabo, Roberto Pirles, Horacio Rapaport, Julio César Urien, Elías Musse,
Rubén Romano, Jorge Taiana, Ricardo Rodríguez Saa, Eduardo Braicovich, Raúl
Correa, José Zelaya, Eduardo Shaposnik, Eduardo Torres, Julio Machado, Javier
Herrera, Pablo Díaz y Moisés Lintridis. Similar situación involucra a sus ex
subordinados Isabelino Vega y Víctor Ríos. El agente Elvio Cosso fue sobreseído
por once casos, Raúl Rebaynera y Ramón Fernández por siete, Jorge Peratta por
seis, y Valentín Romero y Segundo Basualdo por dos.
El Servicio Penitenciario Federal no tiene nada que envidiarles a las Fuerzas
Armadas y de seguridad en cuanto a su protagonismo como ejecutores del
terrorismo de Estado. Cuando la APDH La Plata pidió la detención de Dupuy y del
torturador Ramón “Manchado” Fernández, describió que “la Unidad Penal 9 de La
Plata fue una de las cárceles que más presos políticos recibió durante la última
dictadura cívico-militar. Gran parte de esa población provenía de los centros
clandestinos”. E indicó: “Esos detenidos, que llegaban torturados, con hambre y,
en muchos casos, en magras condiciones de salud e higiene, encontraban en la
Unidad 9 –donde eran ‘blanqueados’ y puestos a disposición del Poder Ejecutivo–
un trato similar al que recibían en los centros clandestinos”. En la U9, los
homicidios y desapariciones eran encubiertos. Los presos que sufrían estos
delitos eran liberados por la noche o de madrugada y en la misma puerta del
penal eran secuestrados. De esa manera, su salida formal de la dependencia
estaba asentada en los libros de la cárcel. También hubo casos de presos que
fueron asesinados en un traslado, como los de Georgiadis, Rapaport, Dardo Cabo y
Rufino Pirles. El organismo de derechos humanos señaló que en la U9 “la tortura
se manifestó en sus facetas psicológica y psíquica. A las palizas y malos tratos
se sumaba el nombre popular de uno de los pabellones: ‘Pabellón de la muerte’.
Sólo quienes sufrieron el cautiverio en esas condiciones pueden expresar la
sensación de desamparo frente a esa denominación y al conocimiento de que, en el
penal o a la salida, podían ser asesinados o desaparecidos”.
Una de las más de doscientas víctimas fue Jorge Julio López, que llegó a la U9
en abril de 1977, luego de haber pasado por otros centros clandestinos, y fue
liberado en septiembre de 1979, en coincidencia con la visita de la OEA. En este
juicio faltará como testigo, ya no por la omisión de un juez o un fiscal, sino
porque está desaparecido desde hace dos años y dos meses. Nunca llegó a declarar
como les había prometido a sus compañeros.
Fuente: Página 12