Vergüenza en Causa Arapí: se consolida la impunidad
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| El Dr. Hermindo González reclama inútilmente explicaciones al Fiscal Smith que no serían dadas. Vergonzoso. |
En un caso que no debe tener muchos precedentes, el fiscal Smith solicitó que
“caiga” todo lo actuado en el debate del juicio donde se investigaba el crimen
alevoso del que resultó víctima Ramón Arapí, uno de los más de treinta que
cayeron en todo el país bajo las balas del gatillo fácil en los incidentes del
19, 20 de diciembre de 2001. Con ese tipo de terminología además,
ahorrándose conceptos jurídicos que resultarían más apropiados como “solicitar
la nulidad” por ejemplo. Por suerte para él y para los demás interesados, el
Tribunal pareció comprender lo que quería decir el Fiscal en una admirable
capacidad de entendimiento y tras la traducción necesaria dio corrimiento a las
partes, no sin sustituir el término “caer” por el de "solicitar la nulidad". El
planteo era esperado, pero por parte de la defensa, no de la parte acusadora.
El Dr. Vigay, abogado querellante de la familia, agradeció al tribunal que le
aclarara qué quiso decir el Fiscal con el deseo manifestado de manera entusiasta
de “que caiga todo”, ya que según su entender se puede caer una persona o algún
objeto en la sala, pero las actuaciones judiciales no caen, son objeto de
nulidades en todo caso, y quien las plantea debe decir por qué lo hace, y de qué
tipo de nulidad se habla.
La argumentación del Fiscal Smith no fue otra cosa que un alegato precoz,
expuesto con vehemencia, acerca de su propia valoración del testimonio del
testigo más importante, a quien calificó de mentiroso y de haberse contradicho
en relación a su testimonio en sede judicial.
“Estamos ante un paso importante ante la disyuntiva de cómo valorar los dichos
del testigo Arapí” decía, confundiendo la etapa de testimonios con la de
valoración de la prueba, pero lo que es más grave, haciendo lo propio con su rol
de fiscal, asimilado a esa altura con el de un entusiasta defensor.
El histriónico y apresurado debate fue interrumpido por el otro abogado
querellante, el Dr. Hermindo González, quien le advirtió al Tribunal que no
debía permitir tal irregularidad, y a su turno la propia defensa reconoció como
un “exceso en la argumentación”, pero pidió paciencia para quien en ese momento
era su mejor aliado, “quizás entendamos más adelante el planteo…”balbuceó el Dr.
Leguizamón, convenientemente comprensivo.
El Tribunal solicita al Fiscal que concrete y es allí cuando pide lo
anteriormente expuesto, sobreviene la “traducción" del planteo y el reproche de
la querella, que aclara que aún siendo “benévolo” con el Fiscal, la nulidad que
plantea sería una nulidad relativa, y como tal una medida extemporánea en virtud
de que los plazos para plantearla ya prescribieron y el auto de elevación a
juicio dejó como extemporánea la duda del fiscal acerca de la credibilidad del
testigo cuestionada por éste en la instrucción. Además, prosiguió, las supuestas
contradicciones fueron debidamente aclaradas en el testimonio vertido por el
testigo en el debate, que es cuando verdaderamente tiene valor absoluto las
testimoniales.
Se inicia un cuarto intermedio relativamente breve, sobre todo si se tiene en
cuenta que lo solicitado es “que se caiga todo”, lo que fue resuelto en un par
de horas por el Tribunal, demostrando no solo una sorprendente capacidad de
interpretación al darle formalidad al planteo del ministerio público, sino
además una extraordinaria capacidad para ser expeditivos.
Declara en definitiva la admisibilidad del planteo y da lugar al mismo,
consolidando la impunidad de los uniformados.
El uniforme sí se mancha
Va a ser muy difícil creer en “el policía de la esquina” en medio de tanta
demanda por más y mejor seguridad, ya que cinco de los seis acusados siguen en
actividad, portando sus armas reglamentarias y sus uniformes manchados por la
sospecha. Pero ése es el mensaje que dio el
Tribunal que preside la Dra. Aromí, secundada por el Dr. Coccia y la Dra.
Varela: los policías pueden matar, los testimonios y las pruebas comprometerlos
seriamente, pero siempre habrá algún tecnicismo amañado y antijurídico que les
permita zafar.
La familia Arapí entretanto, recibió otro mensaje de la “Justicia” correntina:
hay ciudadanos de primera y de segunda, y ellos por cierto, pertenecen a la
segunda categoría, y como tales tendrán que esperar por siempre una reparación
que quizás no llegue jamás, ya que cuando las etapas de apelación concluyan
las causas correrán el riesgo de prescribir.
Se comprende así la sonrisa en los rostros de los imputados cuando terminaban
las audiencias, por más que cada vez se encontraban más implicados, pero acaso
intuían que lo que resulta importante es el resultado del partido, y que si el
árbitro es hincha de tu equipo no podés perder.
Escribinos
(mencionando a qué nota se refiere tu comentario)