REPORTAJE A RAÚL ZAFFARONI, MINISTRO DE LA CORTE SUPREMA
“No soy partidario de ninguna medida excepcional en estos
juicios”
Entre los ecos del fallo de Casación sobre Astiz y Acosta,
explica qué pasó y reparte responsabilidades. También habla, con pasión, de los
menores encarcelados. Y cuenta por qué se iría de la Corte y después de lograr
qué fallos clave.
Por Irina Hauser
Raúl
Zaffaroni controla la exactitud de sus palabras a medida que habla. Pero trata
de no privarse de decir nada. Fuma de a ratos. Se mueve poco.
Con el clima que dejó el fallo de la Cámara de Casación que ordenó liberar a los
represores Alfredo Astiz y Jorge “Tigre” Acosta entre otros tantos, se le hace
inevitable un comentario: “Las garantías en materia penal siempre avanzan
respecto de algún vip, pero no para los pobres tipos”. Por las dilaciones en los
juicios que han prolongado la prisión preventiva de los genocidas,
responsabiliza al sistema judicial en sí, al propio Tribunal de Casación, a los
fiscales y hasta a los querellantes. No descarta, pero tampoco promete, alguna
intervención de la Corte que aporte soluciones.
En diálogo con Página/12, además defiende el fallo que impidió la liberación de
menores internados en institutos al tiempo que reclamó una reforma del sistema
de minoridad. “Si lo declarábamos inconstitucional y liberábamos a los pibes,
alimentábamos una brutal campaña de estigmatización de los chicos pobres” que
podría, vaticina, terminar en una “masacre”. Dice que hablar de bajar la edad de
imputabilidad pretende confundir y aplicar a los menores, bajo un criterio
“tutelar”, los mismos castigos que a los adultos pero no las mismas garantías.
Existe, señala, una situación inconstitucional que “hay que desmontar”. A su
entender, los niños deben ser juzgados en procesos penales que respeten sus
derechos.
El juez supremo anuncia que se va a ir de la Corte para volver a la vida
académica, “no a la política”, pero no sabe cuándo. Antes quiere firmar el fallo
de despenalización de la tenencia de droga para consumo personal y otro sobre
matrimonio homosexual.
–¿Acuerda con la excarcelación concedida por la Cámara de Casación a los
represores más emblemáticos de la dictadura?
–Voy a tener que opinar seguramente en un fallo, así que por ahora no puedo
adelantar mi criterio.
–Pero sí puede opinar sobre las demoras en los juicios por violaciones a los
derechos humanos, que terminaron convirtiéndose en la justificación de esa
liberación por el largo tiempo que los acusados llevan presos sin sentencia.
¿Quién es responsable?
–Tenemos un procedimiento penal horrible, con defectos estructurales, y una
tradición burocrática en la Justicia, independientemente de lo cual ha habido
demoras conocidas en estas causas, como las de la propia Cámara de Casación. A
veces también las querellas interfieren con sus apelaciones.
–Dadas las circunstancias, que podrían anunciar una liberación masiva de
genocidas, ¿qué propone hacer? ¿Quién debería actuar?
–En general, no soy partidario de ninguna medida excepcional respecto de estos
juicios, en especial de ninguna medida que pueda entenderse o arrojar sombras
sobre el respeto al principio del juez natural y del derecho de defensa. Creo
que se puede articular una estrategia que depende en buena medida del Ministerio
Público (los fiscales) y de que las querellas no formulen pedidos que terminen
obstaculizando. Una posibilidad, dado que siempre hay un número grande de hechos
y que son concursos reales, sería la de elevar a juicio algunos hechos,
juzgarlos y, si corresponde, condenar, sin perjuicio de que la investigación
continúe. No es lo mejor, pero puede ser una solución ante el problema de las
prisiones preventivas prolongadas. Esto requiere que el Ministerio Público vaya
pidiendo elevar a juicio.
–Las dos megacausas sobre crímenes dictatoriales (Primer Cuerpo y ESMA) y sus
derivaciones están concentradas en el Tribunal Oral Federal 5 (TOF5) y esto fue
factor de retardo desde el inicio. Hay cola de juicios esperando. ¿Por qué nunca
se hizo nada al respecto? ¿La Corte no va a intervenir?
–Nuestra posibilidad de hacer algo es una cuestión a pensar. La redistribución
de causas entre los TOF hay que pensarla también. No tengo un criterio formado
al respecto. Lo fundamental, ante hechos suficientemente investigados, es cerrar
la instrucción y elevar la causa a juicio. Son procesos complejos, no se puede
esperar.
–¿Cristina Kirchner está presionando al Poder Judicial con sus críticas a la
sentencia de Casación?
–La Presidenta es una ciudadana y tiene derecho a criticar los actos de otro
poder del Estado, de la misma manera que yo sigo siendo un ciudadano y tengo el
mismo derecho a criticar los actos o manifestaciones del Poder Ejecutivo o del
Legislativo. Por lo menos ésa ha sido siempre mi posición. Es parte del juego
democrático y no me considero presionado por ninguna crítica. Nunca inhibiré el
poder que me da mi ciudadanía negándole a otro el derecho que me reservo. Las
críticas hay que escucharlas y resolver en conciencia lo que se considera que es
lo mejor para todos los habitantes.
–¿Los tribunales aplican los mismos criterios de excarcelación para los ladrones
de gallinas que para los represores?
–Las garantías en materia penal siempre avanzan respecto de algún vip. Siempre
ha sido así, avanzan para los vip y no para los pobres tipos.
Menores presos
–A simple vista, el reciente fallo con que ustedes impidieron la liberación de
los menores presos en institutos coincidió con una nueva andanada de reclamos de
mano dura y cárcel para los delincuentes comunes, y más aún si son niños. ¿Fue
casual? Lo festejaron los medios más reaccionarios.
–Fue totalmente casual. Se demoró un poco y salió cuando salió porque queríamos
sacar un solo voto. Tampoco creo que sea para festejar por parte de los que
quieren la baja de la edad de imputabilidad.
–¿Por qué?
–Se está diciendo algo inexacto, a veces por ignorancia, otras por mentira.
Hablar de baja en la edad de imputabilidad es un error técnico: nadie se vuelve
imputable porque pasó la medianoche. Nuestra legislación excluye a los menores
del sistema penal ordinario hasta los 16 años, pero no los vuelve inimputables.
Hasta esa edad, el criterio que predomina y que está contra la Constitución es
el criterio tutelar. La imputabilidad es una cuestión de capacidad de
culpabilidad, que se mide en cada individuo. Alguien puede ser inimputable
porque es enfermo mental.
–¿Qué es exactamente el criterio tutelar?
–Se basa en sacar al niño del sistema penal y dejarlo bajo la tutela del Estado,
que lo considera incapaz. Como se supone que todo lo que haga el Estado con él
será para bien, se deduce que no hará falta un proceso penal acusatorio y que no
necesitará las mismas garantías que un adulto en un proceso penal. En la
historia, ¿a quiénes se tuteló? A las mujeres, a los niños, a los indios. Mirá
cómo les fue. La ideología tutelar es inquisitorial. A mí que no me tutelen,
¡que me juzguen! Esa ideología entró en crisis en los años sesenta en Estados
Unidos, donde comenzó. A un pibe de quince años que llamaba por teléfono a la
vecina y le decía palabras soeces le aplicaron una medida tutelar hasta los 21
años, mientras que a un adulto le hubieran puesto una multa de algunos dólares.
Esto derivó en la declaración de inconstitucionalidad del sistema tutelar y
generó un movimiento de rejuridización de los derechos de niños y adolescentes.
La Convención Internacional de los Derechos del Niño, incluida en nuestra
Constitución, estableció que los niños deben tener los mismos derechos y
garantías que un adulto. Alguien menor a 16 años es un ciudadano: hay que probar
que hizo lo que dicen que hizo. Someterlo a un proceso penal como Dios manda,
con derecho de defensa, juez, fiscal y defensor.
–¿Y después, vale cualquier castigo para un menor?
–Por mí que se lo someta a proceso desde el momento de la concepción. Otra cosa
son las consecuencias penales. A un niño no se le puede aplicar la misma pena
que al adulto. Quienes mienten o hablan por ignorancia citan el ejemplo de
Brasil diciendo que allí los niños son imputables desde los 12 años. No, son
procesables desde esa edad. Se debe probar qué hicieron. Luego la pena no puede
superar los cinco años. El discurso represor dice: “aplíqueles la misma pena que
a los adultos”. ¿Qué dice el progresismo, por así llamarlo? “Aplíquele las
mismas garantías.” Para compatibilizar la Constitución nacional con la
Legislación Positiva (como indica el reciente fallo de la Corte) hay que
reformar toda la legislación de niños y adolescentes. Tenemos un régimen tutelar
y debemos pasar a un régimen jurídico de garantías. No lo puede hacer la Corte,
lo tiene que hacer el Congreso. Tampoco debemos permitir que no haya régimen
alguno.
–¿Qué medidas implementaría si se prueba que el menor cometió un delito?
–La institucionalización tiene que ser la última opción, excepcionalísima, y
siempre que hayan fracasado otras previas. Antes puede haber medidas de
asistencia, supervisión de conducta, familia sustituta o tratamiento si es –-por
ejemplo– psicópata. No dejan de ser medidas limitativas de la libertad. Pero no
me vengan con que eso es tutelar y se puede hacer sin garantías. Eso es lo
inconstitucional que tiene nuestra ley: a los pibes los dejan hasta los 21 años
sometidos a medidas, los pueden institucionalizar, y se fue al diablo el derecho
a la familia. Porque “tiene errores de conducta”, dice la ley. Mil trescientos
chicos institucionalizados en la provincia de Buenos Aires es mucho. Me pregunto
si es necesario.
–¿El Estado está en condiciones de ofrecer esas medidas que usted propone?
–Por lo pronto son mucho más baratas que la institucionalización.
–Si la Corte considera que el sistema vigente es inconstitucional, ¿por qué no
declaró, precisamente, su inconstitucionalidad?
–Si declaramos la inconstitucionalidad ahora, alimentamos una campaña
efebofóbica. Las sentencias de la Corte tienen una repercusión mediática
inmediata y nadie puede ignorar que estamos sometidos a una brutal campaña de
estigmatización de chicos pobres. Para quienes no se permiten tomar en cuenta
datos de realidad, el derecho es pura lógica normativa.
–Pero no eran tantos los menores que hubieran liberado.
–Es cierto que en Capital implicaba liberar a algunos pibes, no muchos. El
problema es que lo que digamos sobre la ley federal tendrá valor para las leyes
provinciales. Una declaración de inconstitucionalidad hubiera sido seguida por
otras válidas para todo el país, donde son más los menores presos. Me preocupan
esas leyes provinciales y en especial la situación en la provincia de Buenos
Aires, donde hubo declaraciones de funcionarios desconcertados frente a ciertos
problemas de inseguridad o cierta publicidad de los problemas de inseguridad,
que están buscando como chivos expiatorios a los niños y adolescentes. Cuando la
prensa te dice que la mayoría de los homicidios son cometidos por menores de 16
años, miente. En la ciudad de Buenos Aires hay un solo chico procesado por
homicidio y la mayoría de los homicidios siguen siendo intrafamiliares y
machistas, para no contar los de tránsito.
–¿A qué atribuye esa campaña?
–René Girard dice que cuando en una sociedad se produce una violencia difusa, se
la canaliza sobre un chivo expiatorio y se lo aniquila, se comete una masacre y
después las víctimas se vuelven sagradas. La campaña contra los pibes es el
primer paso para matarlos, el primer escalón del genocidio. No es una opinión,
son cosas que la criminología latinoamericana conoce perfectamente. Una
declaración de inconstitucionalidad nuestra en este marco inmediatamente iba a
servir para que con cualquier pretexto se tendiese alguna trampa a un pibe: le
hacen un entre, le ponen un arma nueve milímetros y lo determinan a alguna
barbaridad para luego “sorprenderlo” y matarlo en el hecho. A partir de ahí, con
amplia cobertura de medios, empieza la masacre bajo la consigna de que la Corte
soltó a todos los pibes asesinos y ahora hay que matarlos. Yo en esa no me
prendo.
–Usted habla sobre una hipótesis.
–¡Para nada! Es una verificación científica, criminológica. Hace veinte años en
el Instituto Interamericano de Derechos Humanos se publicó, en el libro Muertes
anunciadas, una investigación que hicimos sobre las ejecuciones policiales en
América latina. Allí se describen las reglas del fenómeno, la efebofobia
carenciada entre otros. La sociedad se ha olvidado de que aquí, en la ciudad y
en el conurbano, las policías post dictadura ejecutaron a más de mil jóvenes en
pleno gobierno constitucional, en supuestos “enfrentamientos” ampliamente
cubiertos por el “noticiero del 9”, que llegaba antes del hecho, con gran
beneplácito disfrazado de alarma por algún famoso comunicador ya fallecido. En
2001 la Suprema Corte bonaerense, con motivo de las denuncias por ejecuciones
sin proceso, tuvo que hacer un registro de menores muertos por la policía,
después de que el gobernador había lanzado la criminal consigna de “meter bala”.
–¿Es la misma idea que planteó Carmen Argibay al decir que es mejor mantener a
los menores institucionalizados porque en la calle los matan?
–A ella la interpretaron mal, como si hubiera que tener a los pibes encerrados
para tutelarlos. No, si hay que proteger a alguien no es a los pibes que están
encerrados sino a todos los pibes pobres y villeros, que es el estereotipo sobre
el cual se está fabricando el chivo expiatorio.
–Muy bien, y cuando están internados, ¿qué garantías hay de que así estarán
bien, de que no los maltraten ni maten?
–Ninguna, lo que pasa es que hay un régimen inconstitucional que debe
reemplazarse por otro, y nosotros no podemos dejar un vacío.
–Insisto: ustedes dicen que hay un régimen inconstitucional, pero no lo declaran
como tal, ni siquiera dan un ultimátum. ¿No es contradictorio?
–Las normas inconstitucionales existen en el mundo y cuando se prolongan en el
tiempo, como en este caso, se crean situaciones inconstitucionales. Vivimos en
un país donde abundan normas inconstitucionales que crearon múltiples
situaciones de inconstitucionalidad. Estamos tratando de desarmarlas, pero eso
requiere cuidado. Si se construyó un dique que afecta al medioambiente, la
solución no es volarlo e inundar todo. Sin ir más lejos, es fácil verificar que
todos los procesos penales en la Argentina son inconstitucionales, porque desde
hace 155 años se condena sin participación popular, cuando la Constitución manda
que sea con participación. ¿Cuál sería la solución? ¿Declarar la
inconstitucionalidad del Código Procesal y liberar a todos los condenados?
Debe y haber
–¿Qué solución propone al problema de los menores en conflicto con la ley?
–Hay que reemplazar el sistema penal de menores por uno que sea constitucional.
La acción que terminó en la Corte ha sido muy positiva porque puso la cuestión
sobre el tapete y dio la oportunidad de indicarles a los otros poderes la
necesidad de pensar un nuevo sistema. Cada poder del Estado debe asumir su
responsabilidad. Pero los jueces no podemos sancionar un nuevo código de
procedimientos ni un estatuto de niños y adolescentes.
–Si pusieron plazos para limpiar el Riachuelo, ¿por qué no lo hicieron en este
tema?
–Por algo simple: si no cumplen, ¿qué hacemos? El ridículo, no.
–El gobierno bonaerense habla de limitar excarcelaciones y apresar a los niños.
–La no excarcelación termina con una sobrepoblación de todos los
establecimientos penales, con motines y con muertos. Termina con las comisarías
llenas de presos y, por ende, con un debilitamiento notorio del sistema de
seguridad, porque la policía tiene que dedicarse a cuidar presos en lugar de
salir a la calle a prevenir delitos.
–¿Hacen falta reformas policiales, purgas?
–Con las purgas hay que tener cuidado. Tenés que partir de la policía que hay.
No podés dejar al país sin policía mientras hacés otra. Yo creo que hay que
separar la función de policía de seguridad de la de investigación criminal, que
debería depender de las procuraciones o la Corte o superiores tribunales.
Desmilitarizar la organización policial y permitir la sindicalización, dando al
policía derechos laborales y dignidad como persona. A través de la
sindicalización se crea la conciencia policial. Pagarle mejor y mejorar las
condiciones de trabajo. Irnos, además, al modelo de policía comunitaria, con
mucho control comunitario, aunque no digo que tengamos el sheriff electo. No
hacer lo que los norteamericanos nos dicen que hagamos, pero sí hacer lo que
ellos hacen. Tienen 2300 policías: de condado, del estado, federales. Pero
mientras se siga jugando a buscar el efecto inmediato, propagandístico y junta
votos...
–Es más fácil eso que desmontar todos los negocios del poder y la policía.
–El negocio se empieza desmontando con la sindicalización, y por eso no se la
quiere. Desdramaticemos. Hay cosas intolerables, pero hay otras que son fuentes
de recaudación. Si la fuente de recaudación se repartiera en forma de pirámide,
por lo menos cumpliría una función social. Algo daría a los que están en la
base, que corren los peores riesgos. Pero como no se reparte, tampoco cumple esa
función. Con la sindicalización lo primero que se exigiría es el reparto
piramidal. Eso permitiría ir pasando en blanco las recaudaciones, que vayan
dejando el ámbito de lo ilícito.
Fuente: Página 12