No existe el “derecho a olvidar”

Mientras los militares mataban con el nombre de la patria a sus mismos ciudadanos, otros sufrían y se escondían.
Ellos, de saco y corbata, tenían TODA la legalidad a su alcance para “combatir a la guerrilla”, pero decidieron hacer una “nueva argentina”. Podían erradicar al “enemigo social”, pero ellos decidieron torturarlos, podían devolvernos la paz, pero ellos decidieron matarnos.
En sus manos estaba la verdad, pues concentraban todo el poder, no recurrieron a la justicia porque sus objetivos no eran justos, no eran reales y no podían explicarlos.
Con la cifra de 30.000 desaparecidos, aparecieron las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo, asociaciones por doquier y ese número grande de 30.000 se hizo inmenso y abarcó a todos los familiares, amigos y allegados de las víctimas.
Pero éstos últimos tenían una diferencia significativa con los militares, ellos no podían recurrir a la justicia y a la legalidad, a una causa, a un juicio digno; ellos no tenían el poder y entonces “carecían de verdad”, ellos eran mentirosos y habían entrañado en su familia “subversivos”. Ese desarmado, con sueños e ilusiones, igualitario, utópico.
Hoy, 32 años después es honorable lo de estas personas.
Haber tenido que soportar a los asesinos de sus hijos en las calles, compartir con ellos un mismo colectivo, verlos a quienes fueron los responsables de sus noches de angustia y de dolor, de sus conflictos familiares y de sus exclusiones sociales. “Si cruzo frente al que torturó a mi hijo y lo hizo desaparecer, lo mato”. Pero no, ellos aguantaron sin saber cómo, mantuvieron la fuerza sin entender de dónde la sacaron, mantuvieron esa dignidad que a nuestro ejército tanto les hizo falta.
Y están acá hoy presentes muchos de ellos que pudieron seguir con vida y muchos otros que siguen con el recuerdo, con la presencia de sus luchas y de no haber bajado los brazos nunca, con el amor que llevaban dentro de sus corazones.
Siguen luchando con la legalidad y la justicia, tuvieron que esperar 32 años para poder ver a los asesinos de sus hijos/padres tras las rejas. Si eso no es digno, ya no se nada de honores. Convivir con ese asesino y no matarlo, caminar junto a él y que no te de respuestas y encima aguantar que te llame “subversivo”. Si eso no es paciencia, ya no tengo noción del tiempo, si eso no es ejemplo, ya no tengo modelos a seguir.
Militares recurrentes a la clandestinidad para evadir la justicia y la legalidad.
Familiares de desaparecidos evadiendo la ilegalidad, marchando en busca de legalidad y justicia.
Eso es digno, eso es honor, eso es paciencia, eso es dolor, terror, eso es tiempo, eso es ejemplo, eso es un esquema que los militares no pudieron comprender.
¡GRACIAS! Familiares por esperar, lo bueno al fin y al cabo llega un buen día. ¡GRACIAS! Por no matar, por derrochar un poco de paz, un poco de justicia, un poco de verdad.
Yo no sé si hubiese tenido esa capacidad y esa fuerza interior que tanto las caracteriza. Pero con 18 años las apoyo y estoy con ustedes.
¡GRACIAS! Por los 32 años de pura verdad.
¡GRACIAS! Por hoy seguí acá!
No existe el “derecho a olvidar”

Por: Carla Maizares.
 

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